¿POR QUÉ SI TENEMOS AGUA POR TODOS LADOS, NO HAY AGUA POTABLE EN CASI NINGÚN LADO? PARTE I
Si hay una pregunta que resume la tragedia estructural de Loreto —y particularmente de Iquitos— es esta: ¿cómo puede una región rodeada por uno de los sistemas hídricos más grandes del planeta vivir con sed?
La respuesta no está
en la naturaleza. Está en la política pública, en el modelo de gestión, en la
institucionalidad fragmentada y en décadas de decisiones equivocadas que han
confundido tener agua con tener servicio.
Porque no es lo
mismo. Y esa confusión ha sido el pecado original.
UNA REFLEXIÓN NECESARIA TRAS EL DEBATE
Esta columna nace como una reflexión inevitable a propósito
del debate político sobre agua y saneamiento organizado por Loreto Conversa
y la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza.
Un espacio que, más allá de discursos correctos y
diagnósticos conocidos, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda:
¿quiénes son los responsables políticos de que en una región
rodeada de agua la población siga sin agua potable segura?
La respuesta no es abstracta. Tiene nombres y cargos.
LA CRISIS QUE NADIE PUEDE NEGAR
En Loreto, el acceso a agua potable continua y segura
sigue siendo precario en ciudades, distritos y comunidades rurales.
Intermitencia, baja presión, sistemas que no funcionan,
infraestructura abandonada y millones invertidos sin resultados sostenibles
forman parte de la normalidad.
Pero lo más grave no es el diagnóstico.
Es la ausencia de responsabilidad política real frente a
esta crisis.
LOS RESPONSABLES QUE ELUDEN SU DEBER
Aquí no estamos frente a un problema sin responsables.
Los principales responsables políticos son:
- Los
alcaldes distritales y sus regidores que dicen representar a sus pueblos
- Los
alcaldes provinciales y sus regidores que dicen representar al pueblo
- El
gobernador regional y sus consejeros que dicen representan a sus pueblos
- Los
cuatro congresistas elegidos por Loreto para fiscalizar y legislar.
Todos conocen la magnitud del problema.
Todos saben que los proyectos muchas veces llegan mal
diseñados, que las obras se abandonan o no funcionan y que el sistema de agua
no responde a la realidad amazónica.
Y sin embargo, no existe una defensa política firme,
sostenida y frontal del derecho de la población a servicios que funcionen.
No hay presión política real.
No hay exigencia técnica permanente.
No hay liderazgo visible.
Eso no es falta de información.
Es incumplimiento del deber público.
GOBERNAR NO ES MIRAR AL COSTADO
La función de una autoridad no es adaptarse a la precariedad
ni administrar el fracaso.
Es defender a la población cuando el Estado falla.
Cuando los alcaldes permiten que se ejecuten proyectos
inviables sin cuestionarlos, cuando el gobierno regional no lidera una posición
firme y cuando los congresistas no fiscalizan con rigor ni impulsan reformas
estructurales, lo que existe no es solo debilidad política.
Es renuncia al rol para el que fueron elegidos.
EL COSTO DEL SILENCIO POLÍTICO
Cada obra que no funciona, cada sistema que colapsa y cada
comunidad que sigue sin acceso a agua segura es también consecuencia de esa
falta de liderazgo.
Porque cuando quienes tienen poder para exigir no lo hacen,
el mensaje que se envía es claro:
que la crisis puede continuar sin consecuencias políticas.
Y eso perpetúa el problema.
NO BASTA CON DISCURSOS EN FOROS
Los debates públicos son importantes, pero no pueden
convertirse en espacios donde todos coinciden en el diagnóstico y nadie asume
responsabilidades.
El verdadero liderazgo se mide en decisiones, en exigencias
concretas y en la capacidad de incomodar cuando las políticas públicas no
funcionan.
Loreto no necesita más diagnósticos correctos.
Necesita autoridades que actúen con firmeza frente a un
modelo que ha demostrado no resolver el problema.
LORETO EN EL DIVÁN
La crisis del agua potable en Loreto no persiste por falta
de conocimiento técnico ni por ausencia de recursos naturales.
Persiste porque durante demasiado tiempo las autoridades
políticas han permitido que el problema continúe sin asumir plenamente su
responsabilidad frente al pueblo.
El silencio institucional frente a un servicio que no
funciona deja de ser prudencia y se convierte en una forma de abandono
político.
Y mientras ese silencio continúe, la brecha entre el
discurso y la realidad seguirá fluyendo… como el agua que abunda en la
Amazonía, pero que nunca llega con seguridad a la mesa de la gente.




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