CUANDO LOS DELINCUENTES VUELVEN A SU DESPACHO
En el Perú no gobierna la ley. Gobierna la costumbre. Y la costumbre más peligrosa de todas es esta: creer que el poder absuelve . Un gobernador regional, en este caso del Callao, Ciro Castillo , sometido a 24 meses de prisión preventiva por presunta organización criminal y colusión agravada no debería ser parte del paisaje. Debería ser una ruptura. Un antes y un después. Pero aquí las rupturas duran poco y el escándalo envejece rápido. La indignación no alcanza a convertirse en límite. Por eso nada sorprende. Todo encaja. Porque en este país la prisión preventiva no es advertencia, es molestia. No es señal política, es trámite. Y levantada la medida, el mensaje es claro: ya pasó, sigamos . Como si la gravedad se cancelara por cansancio. Y entonces ocurre lo impensable en cualquier democracia funcional: el investigado intenta volver . No a la vida privada. No al silencio prudente. Al cargo . Al despacho. A los archivos. Al corazón mismo de la institución que está siendo inve...





