POBRECITO JERÍ, YA LO SACARÓN: CRÓNICA DE UN PAÍS TOMADO POR LA MEDIOCRIDAD POLÍTICA

En el Perú la política dejó de ser una actividad pública hace rato. Hoy es más bien un espectáculo itinerante donde los actores cambian, pero el guion siempre es el mismo: improvisación, cálculo mezquino y una sorprendente capacidad para fingir seriedad mientras el país observa entre la indignación y la resignación.

Lo ocurrido en el Congreso de la República del Perú no es una crisis más. Es la confirmación de que la política nacional ha entrado en una fase donde lo grotesco dejó de ser excepción para convertirse en norma.

Porque aquí ya no se gobierna: se sobrevive.

Y en esa supervivencia permanente, el Estado se ha convertido en una especie de botín administrado por políticos de pacotilla que parecen convencidos de que la función pública es solo una escala en la carrera por capturar cuotas de poder antes de que se acabe la música.

EL PARLAMENTO COMO ESPECTÁCULO PERMANENTE

El Congreso ha logrado algo que parecía imposible: convertirse simultáneamente en el centro del poder político y en el símbolo más claro de su degradación.

Allí se decide quién entra, quién sale, quién se queda y quién deja de ser útil. Pero lo que nunca se decide es hacia dónde va el país.

Las votaciones ya no responden a convicciones ni a proyectos, sino a cálculos de corto plazo que cambian con la misma facilidad con la que se cambian discursos.

El Parlamento se comporta como un directorio de intereses donde la gobernabilidad es un efecto secundario, no un objetivo.

Y lo más notable es que todo ocurre con absoluta normalidad, como si la política fuera, en esencia, un ejercicio de maniobra constante donde la coherencia es vista como una excentricidad peligrosa.

UN EJECUTIVO QUE GOBIERNA MIRANDO EL RELOJ

Si el Congreso funciona como un tablero de ajedrez sin estrategia, el Ejecutivo parece un actor atrapado en modo supervivencia, gobernando con la mirada puesta en la siguiente crisis.

No hay proyecto, no hay narrativa de país, no hay horizonte.

Solo administración del día a día, como si gobernar fuera evitar el siguiente incendio en lugar de construir algo que valga la pena defender.

El resultado es un poder sin autoridad real, donde las decisiones no responden a visión sino a necesidad inmediata.

Y así el Estado avanza como puede, sostenido más por inercia que por conducción política.

EL PAÍS SERIO GOBERNADO POR SU VERSIÓN PARÓDICA

Lo verdaderamente inquietante no es solo la precariedad del liderazgo, sino la sensación de que la política ha entrado en una fase de banalización profunda.

El Perú parece un país donde los problemas son estructurales, pero las respuestas son improvisadas; donde las crisis son graves, pero las conductas públicas parecen sacadas de una comedia involuntaria.

Y mientras tanto, la ciudadanía observa cómo el poder se ejerce sin grandeza, sin responsabilidad histórica y sin la mínima conciencia de que gobernar debería ser algo más que ocupar un cargo.

El problema no es solo la mediocridad.

Es la normalización de la mediocridad como forma de gobierno.

PERÚ EN EL DIVÁN

Tal vez lo más honesto que se puede decir del momento político peruano es que el país no está siendo conducido, está siendo administrado por actores que confunden poder con oportunidad y responsabilidad con estorbo.

Y así seguimos, viendo cómo el circo continúa función tras función, mientras el público —que en teoría debería ser el soberano— se pregunta si en algún momento alguien recordará que gobernar no era actuar, sino servir.

Porque cuando la política se convierte en espectáculo permanente, el riesgo no es solo el ridículo: es que el país termine acostumbrándose a que lo gobierne su propia caricatura.

Alberto Vela

Comentarios

  1. Nadie comenta las culpas del CONGRESO.
    Ellos dejaron q un desconocido sea PRESIDENTE DEL Congreso y por ende PRESIDENTE DEL PERÚ.
    Ahora ellos critican la pésima elección q hicieron.
    El Congreso es ahora el PRIMER PODER DEL ESTADO, domina los supuestos 4 poderes.
    Hacen lo q les da la gana.

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  2. Nadie comenta las culpas del CONGRESO.
    Ellos dejaron q un desconocido sea PRESIDENTE DEL Congreso y por ende PRESIDENTE DEL PERÚ.
    Ahora ellos critican la pésima elección q hicieron.
    El Congreso es ahora el PRIMER PODER DEL ESTADO, domina los supuestos 4 poderes.
    Hacen lo q les da la gana.

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