NOS ENGAÑARON: EL GOLPE FUE UNA GRAN ESTAFA

Prometieron salvar al Perú. Recuperaron el poder, legalizaron la impunidad y profundizaron el saqueo.

Si sacaron a Pedro Castillo para construir un mejor país, alguien debería explicar por qué todo está peor.

Hoy, con el Estado capturado, el Congreso impune, la justicia selectiva y el saqueo avanzando en silencio, la conclusión es ineludible: el golpe no fue un error ni un exceso, fue una estafa política. Y como toda estafa, necesitó un relato, cómplices visibles y beneficiarios invisibles.

BALANCE POLÍTICO DEL DESPUÉS DE CASTILLO

Dijeron que era por la democracia. Dijeron que era por la institucionalidad. Dijeron que era para salvar al país de la corrupción, la improvisación y el caos. Para no ser igual que Venezuela.

Mintieron.

Hoy, con el país más degradado que antes, el balance es inevitable: el golpe contra el presidente constitucional Pedro Castillo no fue para construir un mejor Perú, sino para que los de siempre recuperen el control del Estado que habían perdido. Y lo lograron. El problema es que, una vez logrado, no supieron —ni quisieron— gobernar.

LA GRAN ESTAFA: SACAR A CASTILLO PARA “ORDENAR EL PAÍS”

Pedro Castillo fue destituido con una rapidez quirúrgica y una narrativa implacable potenciada por la prensa. Cada error era presentado como prueba de incapacidad moral. Cada rumor, como sentencia. Cada torpeza, como amenaza nacional.

Se exigía pureza.
Se exigía decencia.
Se exigía orden.

Hoy, el país observa cómo los estándares que se usaron para justificar el golpe simplemente desaparecieron. Jerí es la prueba más palpable.

Y nadie dice nada.

DEL “PELIGRO PARA LA DEMOCRACIA” AL SILENCIO CÓMPLICE

Lo que con Castillo habría provocado escándalos diarios, portadas incendiarias y editoriales moralistas, hoy es normalizado, minimizado o enterrado.

No porque sea menos grave.
Sino porque ya no incomoda al poder que controla el Estado y se lo lleva todo; al poder que controla el Congreso y el relato mediático.

El mensaje es brutalmente claro: la corrupción no es el problema; el problema es quién gobierna.

UN EJECUTIVO SIN MANDATO, SIN PROGRAMA Y SIN VERGÜENZA

Después del golpe, el Perú no ganó gobernabilidad. Ganó un Ejecutivo rehén, sostenido por el Congreso a través de pactos oscuros y favores cruzados.

  • No hubo proyecto de país.
  • No hubo plan económico serio.
  • No hubo reformas.
  • No hubo horizonte.

El Palacio de Gobierno dejó de ser sede de conducción política y pasó a ser espacio de supervivencia y reparto, donde el poder se usa no para gobernar, sino para blindarse.

EL CONGRESO: DE FISCAL MORAL A GUARIDA DE IMPUNIDAD Y SOCIO DEL SAQUEO

El mismo Congreso que se erigió como guardián de la República:

  • bloqueó reformas,
  • repartió cuotas,
  • protegió intereses particulares,
  • debilitó toda forma de control real.

La “lucha contra la corrupción” terminó siendo un arma selectiva, no un principio.
Sirvió para tumbar a Castillo, no para limpiar el Estado.

LA JUSTICIA COMO ARMA POLÍTICA

Tras el golpe, el sistema judicial dejó de ser árbitro y pasó a ser actor político.

  • Procesos veloces para unos.
  • Lentitud sospechosa para otros.
  • Silencios estratégicos.
  • Prioridades claramente políticas.

No hubo independencia.
Hubo alineamiento.

REPRESIÓN, MUERTE Y CRIMINALIZACIÓN DEL PUEBLO

Mientras se hablaba de “defender la democracia”, el Estado: reprimió protestas, criminalizó el disenso y trató al pueblo como enemigo interno.

Muertes sin responsables políticos.
Dolor sin justicia.
Memoria sin reparación.

Ese es el costo real del “orden” que prometieron.

LA POLÍTICA EXTERIOR ARRODILLADA

El Perú pasó de intentar una voz propia a alinearse sin pudor.

  • Silencio regional.
  • Sumisión diplomática.
  • Renuncia a cualquier liderazgo.

Un país que no se gobierna a sí mismo tampoco se respeta afuera.

LA GRAN PRUEBA HISTÓRICA

Si el golpe hubiera sido para salvar al país, hoy veríamos:

  • más democracia,
  • más transparencia,
  • más institucionalidad,
  • más bienestar.

Pero ocurrió lo contrario.

Eso confirma lo evidente:
no sacaron a Castillo por corrupto o incapaz, lo sacaron porque no era de los suyos y porque no era funcional a sus pretensiones.

CONCLUSIÓN: NO FUE UN ERROR, FUE UN PROYECTO

El golpe contra Pedro Castillo no fue una desviación. Fue un ajuste de poder.

Y el resultado está a la vista: un Estado capturado, una democracia vaciada y un pueblo al que se le exige paciencia mientras otros gozan de impunidad.

Hoy el Perú no está mejor.
Está más cínico, más desigual y el poder más lejos del pueblo
Y esa es la verdad que no quieren que se escriba.

Pero ya se escribió.//

Alberto Vela

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