EL CONGRESO DEL PERÚ GOBIERNA SIN PUEBLO TRAS EL GOLPE: CÓMO SE CONSOLIDÓ UN PODER SIN CONTROL NI LEGITIMIDAD

EL CONGRESO DEL GOLPE: ANATOMÍA DEL PODER SIN PUEBLO

Después de la caída de Pedro Castillo, el Perú no ingresó a una transición democrática. Ingresó a algo peor: un régimen parlamentario de facto, sin legitimidad popular, sin control real y sin límites éticos.
El Congreso no solo sobrevivió al golpe. Salió fortalecido, reorganizado y convertido en el verdadero centro del poder político.
Hoy no legisla: gobierna. Y lo hace sin asumir responsabilidades ante nadie.

LO QUE PASÓ

La vacancia presidencial no fue un episodio aislado ni una reacción institucional excepcional. Fue el punto de quiebre que permitió al Congreso ocupar el vacío de poder y subordinar progresivamente a los demás órganos del Estado.

Desde entonces, el Parlamento dejó de funcionar como contrapeso y pasó a convertirse en el eje que gravita sobre todo el sistema político:

  • somete al Ejecutivo,
  • presiona al Poder Judicial,
  • intimida a los organismos autónomos,
  • neutraliza cualquier forma de fiscalización efectiva.

Ese es el nuevo orden político peruano.

QUIÉNES GANAN, QUIÉNES PIERDEN

Ganan:

  • El Congreso y sus mayorías circunstanciales.
  • Redes políticas y económicas protegidas por el autoblindaje.
  • Élites que gobiernan sin exponerse al voto popular.

Pierden:

  • La democracia representativa.
  • La separación de poderes.
  • Las regiones y la ciudadanía excluidas de las decisiones reales.

LA GRAN ESTAFA

La vacancia de Castillo fue presentada como una defensa del “orden constitucional”. En realidad, fue el acto fundacional de un proyecto político. Desde ese día, el Congreso entendió algo decisivo:

puede derribar presidentes, pero no puede ser derribado.

Con esa certeza, empezó a operar como poder constituyente informal, reescribiendo reglas, tiempos y límites según su conveniencia.

EL AUTOBLINDAJE COMO DOCTRINA

Nada define mejor al Congreso post-golpe que su obsesión por la impunidad.

  • Reformas para debilitar la fiscalización.
  • Cambios normativos para proteger a sus miembros.
  • Ataques sistemáticos a la Fiscalía cuando investiga.
  • Hostigamiento a jueces incómodos.
  • Control de comisiones “investigadoras” que no investigan nada.

No legislan para el país. Legislan para no responderle al país.
Ese es su verdadero programa político.

CÓMO SUBORDINAN A LOS OTROS PODERES

El Congreso no gobierna solo: administra subordinaciones.

Ejecutivo
Un Ejecutivo sin respaldo popular, sostenido por el miedo permanente a la vacancia, es un Ejecutivo obediente.
El Congreso dicta. El Ejecutivo firma.

Judicial
Cuando la justicia investiga al Congreso, es “persecución política”.
Cuando investiga a otros, es “lucha anticorrupción”.
La doble vara es regla.

Organismos autónomos
Si no se alinean, se les amenaza con reformas, presupuestos o destituciones.
La autonomía se volvió condicional.

GOBERNAR SIN PUEBLO

El Congreso no cree en la democracia representativa. La tolera solo cuando le sirve. Por eso:

  • desprecia el voto popular,
  • teme a nuevas elecciones,
  • criminaliza la protesta,
  • sataniza la calle.

Su lógica es simple y peligrosa:

la política es demasiado importante para dejarla en manos del pueblo.

Eso no es democracia liberal. Es oligarquía parlamentaria.

LA GRAN FARSA DEL “ORDEN INSTITUCIONAL”

Nos dijeron que el Congreso actuó para restablecer el orden. El resultado está a la vista:

  • más inestabilidad,
  • más desconfianza,
  • más degradación institucional,
  • más cinismo.
  • Más violencia e inseguridad

El orden que impusieron no es democrático: es orden para ellos, incertidumbre para el país.

DESDE EL DIVÁN NACIONAL

Nunca antes el Perú había tenido un Parlamento tan desacreditado y, al mismo tiempo, tan poderoso. Ese es el verdadero escándalo.

Un poder con bajísima aprobación ciudadana, sin autocrítica y con control absoluto del tablero político no es una anomalía pasajera: es un riesgo estructural para cualquier democracia.

El golpe no terminó con Castillo. El golpe continúa cada día que este Congreso siga gobernando sin pueblo y sin responsabilidad.

Y esa verdad, por incómoda que sea, tiene que decirse.

Alberto Vela

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