LO QUE HOY ACEPTAMOS SERÁ NORMAL MAÑANA

Hay cosas que no ocurren de golpe.

No llegan con ruido ni con anuncios oficiales.
Simplemente se van quedando.

Un día algo nos indigna. Al siguiente nos incomoda. Al tercero ya no nos sorprende. Y cuando por fin deja de doler, se ha vuelto normal.

Así cambian las sociedades.

En el Perú vivimos cansados. Cansados de las crisis, de los escándalos, de los discursos vacíos. Cansados de indignarnos sin que nada cambie. Y el cansancio, cuando se vuelve costumbre, es peligroso. Porque el cansancio no grita: se resigna.

Nos hemos acostumbrado a ver la ley doblarse sin romperse del todo. A escuchar explicaciones largas para justificar lo simple: que alguien abusó, que alguien mintió, que alguien quedó impune. Nos dicen que es complejo, que no hay otra salida, que así funciona el poder. Y poco a poco lo creemos.

No porque estemos de acuerdo, sino porque ya no tenemos fuerzas para resistir.

Los niños crecen viendo esto. No escuchan debates ni leen columnas. Ven. Observan. Aprenden rápido qué vale la pena y qué no. Aprenden quién puede hacer qué sin pagar consecuencias. Aprenden cuándo es mejor callar. Aprenden que algunas vidas importan más que otras, aunque nadie lo diga en voz alta.

Eso también educa.

Un país no se deshumaniza solo por la violencia. Se deshumaniza cuando la violencia deja de escandalizar. Cuando la injusticia se vuelve parte del paisaje. Cuando el abuso se explica mejor que se condena.

Entonces pasa algo más grave: dejamos de preguntarnos.

Dejamos de preguntarnos si esto está bien.
Dejamos de preguntarnos qué país queremos.
Dejamos de preguntarnos qué mundo estamos dejando.

Y no se trata de ser santos ni héroes. Se trata de algo más simple y más difícil: no acostumbrarse.

No acostumbrarse a la fuerza como solución.
No acostumbrarse a la impunidad como destino.
No acostumbrarse a la indiferencia como defensa.

Porque lo que hoy toleramos, mañana será lo normal para los que vienen después. Ellos no heredarán nuestras excusas ni nuestro cansancio. Heredarán nuestras costumbres.

Tal vez no podamos cambiar el rumbo del país de un día para otro. Pero sí podemos evitar algo peor: perder la capacidad de distinguir lo inaceptable.

En un Perú que corre, que sobrevive, que aguanta, detenerse a pensar no es un lujo. Es una forma silenciosa de resistencia.

Porque el futuro no se construye solo con leyes o elecciones.
Se construye, sobre todo, con lo que una sociedad decide no aceptar.

Y eso empieza hoy.

Alberto Vela


Comentarios

  1. Descripción exacta de una sociedad adormecida, la nuestra!.
    Y todo a consecuencia de clanes familiares que instauran un estilo de vida de opresión para vivir de ello creando el caos y la ingobernabilidad, para debilitar el sistema e imponer sus condiciones usando como estrategia pasar a sus filas a seudos líderes para desprotege aún mas al pueblo! .. y estos los siguen por mejoras. Una pena!

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