EL IIAP QUE LORETO NECESITA
La Amazonía no fracasa por falta de recursos ni de conocimiento, sino por instituciones que prefirieron no incomodar para conservar el cargo. El IIAP investiga, publica y diagnostica, pero no lidera el desarrollo amazónico. Esta columna cuestiona la neutralidad técnica, el centralismo ambiental y la renuncia moral de quienes debían convertir biodiversidad en bienestar para Loreto.
En el Perú hablamos mucho de la Amazonía, pero la pensamos
poco. La defendemos en discursos, la citamos en cumbres internacionales y la
usamos como postal ambiental. Sin embargo, cuando se trata de convertir su
enorme riqueza natural en bienestar real para su población, el Estado
simplemente no aparece. O peor aún: aparece mal.
Loreto es el ejemplo más claro de esa contradicción. Una
región sentada sobre uno de los territorios biológicamente más ricos del
planeta, pero atrapada en una economía precaria, informal y extractiva. No por
falta de recursos. No por falta de conocimiento. Sino por la ausencia de una
institución que piense la Amazonía como proyecto económico sostenible y no como
simple objeto de estudio.
Y allí entra el IIAP.
El Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana-IIAP, debería ser el cerebro técnico del desarrollo amazónico. La institución
encargada de convertir biodiversidad en base económica sostenible, de articular
conocimiento con políticas públicas, de orientar qué se puede hacer, qué no y
cómo hacerlo sin destruir el territorio.
Pero no lo es.
CIENCIA SIN IMPACTO: CUANDO INVESTIGAR NO TRANSFORMA NADA
El IIAP investiga. Publica. Caracteriza. Diagnostica.
Describe.
Lo que no hace —o no quiere hacer— es cerrar la cadena.
Se investiga cacao, pero no se construye la cadena
productiva del cacao amazónico.
Se domina la reproducción del paiche, la gamitana y el paco, pero no se lidera
la acuicultura amazónica a escala regional.
Se estudian los bosques, pero no se diseña una industria forestal sostenible.
Se miden los impactos de la minería ilegal y legal, pero no se proponen
alternativas económicas viables.
Todo queda fragmentado.
Todo queda inconcluso.
Todo queda “en proceso”.
La investigación se volvió un fin en sí mismo, no una
herramienta para cambiar la realidad. Y en regiones como Loreto, la ciencia que
no se traduce en economía, empleo y conservación no es neutral: es conocimiento
estéril.
No se trata de desconocer esfuerzos individuales ni
investigaciones valiosas. Se trata de señalar un problema estructural de
orientación, mandato e incidencia.
PECES AMAZÓNICOS: EL FRACASO QUE NADIE QUIERE ASUMIR
Loreto es cuna del paiche, la gamitana y el paco. El
conocimiento para reproducirlos nació aquí. Pero hoy la realidad es
contundente:
- China
es potencia mundial en producción de especies amazónicas.
- Loreto
produce poco, caro y sin escala.
- Los
ríos se vacían por pesca ilegal incentivada por la escasez.
¿Qué pasó?
El IIAP se contentó con demostrar que “sí se puede
reproducir”. Publicó la técnica. Y se detuvo.
No protegió el conocimiento como activo estratégico. No impulsó la cadena productiva completa. No incidió para vedas contundentes. No lideró un modelo de acuicultura amazónica que salve a las especies y genere economía. Transferimos la ciencia. Pero no construimos la economía.
EL CENTRALISMO AMBIENTAL: LIMA DECIDE, LA AMAZONÍA PAGA
Existe un problema adicional que ya no puede seguir
escondiéndose bajo la alfombra: el IIAP está atrapado en una lógica
centralista, subordinado a un Ministerio del Ambiente que administra la
Amazonía desde Lima como si fuera un laboratorio y no un territorio vivo.
Desde el centro del poder se confunde conservación con
inmovilismo. Se bloquea la iniciativa regional. Se neutraliza cualquier intento
de incidencia.
El resultado es perverso: una Amazonía ni conservada ni
desarrollada.
NEUTRALIDAD TÉCNICA: LA FORMA ELEGANTE DE NO INCOMODAR
El IIAP se ha refugiado en una supuesta neutralidad
científica. Pero en la Amazonía actual, la neutralidad no es prudencia: es una
forma de complicidad.
Cuando no se pronuncia con firmeza sobre:
- vedas,
- límites
ecológicos,
- actividades
inviables,
- modelos
productivos sostenibles,
el instituto deja el campo libre al extractivismo ilegal, a
la improvisación política y al saqueo silencioso. El silencio técnico también
es una decisión política.
EL IIAP QUE LORETO NECESITA
Loreto no necesita un instituto mudo. Necesita uno que:
- piense
la Amazonía como proyecto económico sostenible,
- articule
cadenas productivas completas,
- proteja
el capital natural con evidencia vinculante,
- incida
en políticas públicas,
- transfiera
conocimiento al territorio,
- y
asuma posición.
Porque si la institución que concentra el conocimiento
amazónico no lidera el rumbo del desarrollo, entonces la Amazonía seguirá
siendo esto: un catálogo biológico para otros y una promesa incumplida para
quienes la habitan.
La pregunta ya no es académica. Es histórica:
¿Quiere el IIAP ser recordado como el instituto que estudió
la Amazonía
o como el que ayudó a salvarla haciendo posible que se viva bien en ella?
La respuesta es incómoda. Pero inevitable.
Y esa decisión no es solo técnica. Es profundamente moral.
A MODO DE
COMENTARIO: NO ES DEBILIDAD INSTITUCIONAL, ES CLAUDICACIÓN MORAL
La Amazonía no se está perdiendo solo por la minería ilegal,
la tala o la pesca depredadora. Se está perdiendo también por la cobardía
cómoda de quienes debían incomodar y no lo hicieron, y hoy siguen sin hacerlo,
como si el cargo fuera un plato de comida y no una responsabilidad histórica
con su familia, su región y el país.
La neutralidad técnica en la Amazonía no es prudencia: es
cálculo personal. No incomodan porque no quieren perder el cargo. No inciden
porque no quieren perder el contrato. No hablan porque hablar cuesta, y callar
paga a fin de mes.
Así se ha construido una burocracia ilustrada que sabe
mucho, pero defiende poco. Especialistas que miden el colapso, lo registran con
rigor científico y luego regresan a su oficina a esperar la renovación del nombramiento.
No es falta de capacidad. Es exceso de comodidad.
Mientras la Amazonía se degrada, algunos han decidido que su
contribución histórica será esta: haber sido testigos calificados del desastre,
sin ensuciarse las manos ni levantar la voz.
Pensar en clave individual —en la carrera, en el puesto, en
la estabilidad— cuando se dirige una institución amazónica no es neutralidad:
es abandono del deber público.
Y lo más grave no es que no peleen por la región. Lo más grave es que ya normalizaron no hacerlo.
Porque cuando se tiene información, autoridad técnica y
silencio, ya no se es espectador: se es facilitador pasivo del desastre.
El diagnóstico es claro y no admite terminos medios:
cuando quienes saben no incomodan, los que destruyen
avanzan.







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