ABRE LOS OJOS: ¿CÓMO SERÍA UN VERDADERO PROYECTO POLÍTICO NACIONAL PARA CAMBIAR EL PERÚ?
En el Perú hay 33 partidos políticos que quieren llegar al poder en 2026. Treinta y tres. La cifra, más que entusiasmo democrático, produce una pregunta incómoda: ¿hay realmente 33 caminos distintos o solo 33 maneras de administrar lo mismo?
Porque cuando uno escucha los discursos, lee los planes y observa las alianzas, la sensación es otra. Cambian los nombres, cambian los colores, cambian los slogans. Pero el modelo —ese que organiza la economía, el Estado y el poder— permanece intacto, como una casa vieja a la que solo se le pinta la fachada antes de cada elección. Y eso es lo que el país debería empezar a discutir en serio, sin miedo y sin adornos.
EL MALENTENDIDO DE SIEMPRE: CREER QUE GOBERNAR ES
PLANIFICAR CINCO AÑOS
En el Perú se ha instalado una confusión peligrosa: creer
que un proyecto político nacional es lo mismo que un plan de gobierno. No lo
es.
Un proyecto nacional no es una lista de promesas para el
próximo quinquenio. No es un PowerPoint con gráficos optimistas. No es una
colección de buenas intenciones redactadas para no incomodar a nadie.
Un proyecto nacional es algo mucho más profundo: es una dirección
histórica. Es una idea clara de país. Es un rumbo que la mayoría puede
entender, discutir y sostener en el tiempo.
Cuando no existe esa dirección, todo lo demás es ruido. Y el
ruido, aunque suene fuerte, no mueve a ningún país.
EL PUNTO DE PARTIDA QUE CASI NADIE QUIERE DECIR
Hay verdades que incomodan porque obligan a hacerse cargo.
Esta es una de ellas:
👉 El problema central
del Perú no es la falta de talento, ni de recursos, ni de esfuerzo.
El problema es que su economía, su Estado y su política están organizados para la dependencia.
Dependemos de exportar materias primas sin transformar. Dependemos
de capital externo que entra sin reglas claras. Dependemos de decisiones que
muchas veces se toman fuera del país.
Mientras no se reconozca esto, no hay proyecto posible. Lo
que hay es administración del problema, con distintos rostros, pero con el
mismo resultado.
UN OBJETIVO CENTRAL, SIN RODEOS
Un verdadero proyecto político nacional no puede tener diez
objetivos prioritarios. Tiene uno, y todo lo demás se ordena alrededor de él:
👉
Convertir al Perú en un país productivo, integrado y soberano.
Un país capaz de generar valor, empleo y bienestar para su
gente. Un país que no viva únicamente de vender recursos naturales sin
transformar.
Educación, infraestructura, política social, estabilidad
macroeconómica: todo es importante, pero todo debe servir a ese objetivo. Si
no, el esfuerzo se dispersa y el país sigue donde está.
PRINCIPIOS CLAROS PARA NO ENGAÑAR AL ELECTOR
Un proyecto nacional serio no habla en ambiguo. Dice cosas
que incomodan, pero aclaran.
Por ejemplo:
El mercado no reemplaza al Estado.
El Estado no sustituye a la empresa privada.
El desarrollo no ocurre solo, se construye.
La inversión es bienvenida, pero con reglas nacionales.
Las regiones no son canteras: son sujetos productivos.
Y el crecimiento sin valor agregado no es desarrollo.
Si un partido no puede decir esto en voz alta, es porque no
quiere cambiar nada en el fondo.
CUANDO LAS PALABRAS SE CONVIERTEN EN DECISIONES
Los proyectos reales no se reconocen por los discursos, sino
por las acciones que están dispuestos a asumir.
Un Estado productivo y planificador, por ejemplo. No un
Estado obeso y burocrático, sino uno que piense el desarrollo: con planes
industriales y regionales a diez o quince años, metas claras de empleo y valor
agregado, y evaluación pública de resultados.
Un Estado que deje de mirar la economía desde la tribuna.
Una reforma del modelo extractivo, también. Porque el
problema no es extraer recursos, sino hacerlo sin transformar. Valor agregado
obligatorio, encadenamientos productivos locales, transferencia tecnológica
real. Extraer no es malo. No transformar es el error histórico.
Una industrialización selectiva, sin fantasías.
Agroindustria, metalmecánica, química básica, bioindustria amazónica, energía.
Donde hay ventajas reales, no discursos inflados. Con protección inteligente y
compras públicas que impulsen industria nacional.
Integración territorial como política económica.
Infraestructura pensada para unir mercados internos, no solo para sacar
productos al puerto. Costa, Andes y Amazonía funcionando como un solo sistema
económico. Sin integración territorial, no hay nación económica.
Y una reforma profunda del sistema político. Menos partidos,
más representatividad. Financiamiento público fuerte y controlado. Democracia
interna obligatoria. Sin eso, cualquier proyecto muere antes de empezar.
EDUCACIÓN, CAPITAL EXTRANJERO Y SOBERANÍA
Sin educación orientada al desarrollo no hay futuro.
Ciencia, tecnología, ingeniería y formación técnica como prioridad nacional.
Universidades conectadas al proyecto productivo. Becas ligadas a sectores estratégicos.
Sin conocimiento propio, no hay soberanía posible.
Y una nueva relación con el capital extranjero: bienvenida
la inversión que aporta desarrollo real. No más contratos sin transferencia
tecnológica. Diversificación de socios. Negociar desde el interés nacional, no
desde el miedo. Abrirse al mundo no es arrodillarse.
LO QUE NO DEBE CONFUNDIRSE CON UN PROYECTO NACIONAL
Conviene decirlo claro para no engañar al elector:
un proyecto nacional no es solo lucha contra la corrupción,
ni solo estabilidad macroeconómica,
ni solo programas sociales,
ni solo crecimiento del PBI,
ni solo cambiar la Constitución sin rumbo económico.
Todo eso puede ser parte del camino, pero no es el corazón
del proyecto.
LA ÚNICA PREGUNTA QUE IMPORTA
Antes de votar, el ciudadano debería hacerse una sola
pregunta:
👉 ¿Esta propuesta cambia la estructura económica del Perú o solo
administra lo que ya existe?
Si no hay una respuesta clara, entonces no hay proyecto
nacional.
UNA VERDAD INCÓMODA PARA CERRAR
Un verdadero proyecto político nacional incomoda a la élite
rentista.
Genera resistencias internas y externas.
No promete milagros.
Exige tiempo, conflicto democrático y voluntad colectiva.
Pero es la única salida.
Porque el Perú no necesita 33 candidatos más. Necesita una
dirección clara.
Y esa dirección no nace de la improvisación electoral, sino
de una decisión política profunda:
👉 dejar de ser un país dependiente y empezar,
por fin, a ser un país que se desarrolla.
Ese es el proyecto que el electorado debería exigir.
Alberto Vela





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