MAESTRO, RENÉ CHÁVEZ PAGA SUS INAUGURACIONES CON FANFARRIA, BAILONGOS, PERIODISTAS Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN CON TU SUELDO DE DICIEMBRE
En Loreto ya no sorprende que en diciembre el maestro no cobre puntual y el personal de salud espere lo mismo. Lo que sorprende es que todavía se pretenda vender esta situación como un accidente presupuestal. No lo es. Es una costumbre de poder.
Cada fin de año se repite el mismo libreto: no hay
presupuesto, hay que esperar, comprendan la situación. Pero mientras el maestro
hace malabares para pagar deudas y el trabajador de salud estira lo imposible,
el gobierno regional despliega fanfarrias, escenarios, parlantes y pancartas
para inaugurar obras sin alma ni sentido.
No es que no haya dinero. Es que el dinero ya fue usado.
Y no se usó para sueldos, sino para propaganda política en favor del gobernador.
En ninguna otra región del país ocurre este fenómeno con la
regularidad de Loreto. Eso debería encender todas las alarmas. Aquí no falla el
Estado peruano: falla —y se aprovecha— el poder regional.
Las planillas no son un gasto sorpresa. Se conocen desde
enero. Cuando en diciembre “ya no alcanza”, alguien decidió antes que el
salario del maestro podía esperar, pero la foto del gobernador no.
La ecuación es brutalmente simple: el sueldo no da votos, la inauguración sí.
Y el sistema funciona porque ha logrado algo más perverso
que la represión: la resignación. A los trabajadores ya les enseñaron a
esperar, a endeudarse, a callar. Peor aún: les enseñaron a desconfiar de sus
propios dirigentes, muchos de ellos capturados, neutralizados o convertidos en
gestores del silencio.
Cuando el dirigente negocia en privado lo que debería gritar
en público, el poder duerme tranquilo.
Pero no hay espectáculo eterno que tape una verdad básica: no
pagar salarios es una forma de violencia institucional. Es decirle al
maestro que su trabajo vale menos que una tarima. Es decirle al personal de
salud que su sacrificio importa menos que una banda musical.
La pregunta ya no es si hay presupuesto. La pregunta es: ¿en
qué se gastó lo que sí hubo?
Y la respuesta apunta siempre al mismo lugar: propaganda,
lealtades, campañas encubiertas.
Maestros, trabajadores de salud: nada de esto es normal.
Nada de esto es legal. Nada de esto es inevitable.
Mientras sigan aceptando que diciembre sea el mes del
castigo, el gobernador regional seguirá celebrando y su mujer haciendo la campaña de sus sueños. Pero cuando el reclamo deje de
ser individual y vuelva a ser colectivo, cuando la dignidad pese más que el
miedo, esta costumbre de gobernadores se rompe. Porque el sueldo no es un
favor. Es un derecho. Y los derechos no se mendigan: se defienden.
René Chávez no gobierna: hace campaña con dinero de los
maestros.
Lo de Loreto ya no es gestión pública, es escenografía
electoral. René Chávez, hoy gobernador y mañana aspirante a vicegobernador por Somos
Perú, ha reducido el gobierno regional a una comparsa de inauguraciones con
tarima, orquesta y congresistas amigos, propaganda pagada a periodistas y
medios de comunicación, mientras la educación y la salud siguen esperando su sueldo.
El caso del Puerto de Productores es la metáfora
perfecta de su mandato: una obra inaugurada con fanfarrias, bailongo y
autoridades ávidas de foto, pero inservible desde el día uno. Sin
condiciones completas para operar, sin planificación, sin impacto real.
Ladrillo puesto para la cámara, no para la región.
Eso sí, la fiesta fue completa: congresistas afines como
Morante y Zegarra, alcaldes de Maynas y Punchana en modo comparsa, candidatos de
Somos Perú y propaganda política disfrazada de “acto institucional”. Lo único
ausente fue lo esencial: una obra que funcione.
Mientras tanto, maestros y trabajadores de salud reciben en
diciembre el mismo mensaje de siempre: “no hay presupuesto”. Curioso. No hay
para sueldos, pero nunca falta para cohetes, para sonido y orquesta,
gigantografías y discursos huecos.
Chávez gobierna como si Loreto fuera un set de campaña
permanente. No planifica, improvisa. No prioriza derechos, prioriza
aplausos. Y ahora pretende premiar esa gestión fallida reciclándose en la
fórmula regional, como si el fracaso también diera derecho a la reelección.
Loreto no necesita más inauguraciones vacías.
Necesita gobernantes que entiendan que un puerto que no funciona es
propaganda inútil, y un trabajador impago es una vergüenza política.





El círculo vicioso del salto al vacío! ... Cada vez salen más pulidos oleados y sacramentados. Siempre el que entra vendiendo cambios, sale mejor sirvenguenza que el que sale.
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