LA DUPLA SORIA–SHUPINGAHUA Y EL VIAJE QUE DEJÓ EN EVIDENCIA QUE LA LEALTAD ESTÁ CON EL PRESUPUESTO, NO CON EL PUEBLO
En el Gobierno Regional de Loreto hay amistades que ya son leyenda.
Y no, no hablamos de lealtades institucionales ni equipos profesionales
consolidados.
Hablamos de hermandades.
De esas que se forjan a punta de confianza mutua, silencios oportunos y un
estilo de trabajo que nadie cuestiona… hasta que el dinero del fideicomiso
empieza a usarse como si fuera la cuenta conjunta de dos compadres en una
parrillada.
Porque seamos claros:
Soria y Shupingahua no son solo colegas. Son como hermanos. Hermanos de
ruta, hermanos de decisión, hermanos de poder. El tipo de dupla que se entiende
con una mirada y un guiño y que, al parecer, también firma las
transferencias sin necesidad de mayores explicaciones.
Pero esta vez la hermandad se les fue de las manos.
El hermanito afortunado: S/ 56,700 para cruzar la
frontera
Mientras Pablo Soria, quien también representa al GOREL en la Comisión Regional Anticorrupción (CRA) de
Loreto, recibía sus buenos viáticos, el “hermano” Javier Shupingahua
cargaba en su mochila algo más jugoso:
un encargo interno de S/ 48,600, sumado a sus viáticos de S/ 8,100.
Porque cuando uno viaja con tanta hermandad institucional,
no puede andar limitado.
No, señor. Hay que viajar como se viaja con confianza absoluta: con casi 60
mil soles bajo el brazo.
¿Y quién autoriza?
Pues ahí entra la hermandad. Ese vínculo sagrado donde uno no le niega nada al
otro… sobre todo si ambos manejan la llave maestra del fideicomiso.
Hermandad sí, transparencia no
La ciudadanía siempre creyó que esta dupla representaba lo
mejor del GOREL. Honestos, capaces, decentes, con principios. Hombres de
palabra, según sus amigos. Hombres de valores, según su entorno.
Y sin embargo, cuando aparece un desembolso obsceno cargado
al fondo más importante de la región, la hermandad se vuelve silencio. Se
vuelve cálculo.
Se vuelve complicidad involuntaria o voluntaria, pero complicidad al fin.
Porque cuando dos funcionarios se comportan como hermanos, a
veces empiezan a olvidar que la región no es la familia, y que el
fideicomiso no es patrimonio de sangre.
La hermandad tóxica: “Nada va a pasar. La prensa es
manejable.”
Es que así piensan.
Así operan.
Creen que Loreto es escenario de una obra que solo ellos controlan. Que
mientras el clan esté unido, todo se soluciona.
Que los medios callarán.
Que la población no se enterará. Que la hermandad es un escudo.
Pero no lo es.
No cuando el dinero público se usa sin transparencia. No cuando el monto es
ofensivo.
No cuando hablamos del fideicomiso, que es literalmente la esperanza
presupuestal de Loreto.
La verdadera prueba de la hermandad
Si Soria y Shupingahua son realmente hermanos —no de
conveniencia, sino de convicción— entonces esta es la hora de demostrarlo. No
con abrazos. No con fotos. No con comunicados tibios.
Sino con lo único que la región exige:
Rendir cuentas.
Con lujo de detalle.
Sin esconder un solo sol.
Sin disfrazar ningún gasto.
Porque si esta hermandad es auténtica, entonces también lo
debería ser el compromiso con Loreto. Si no, lo que tenemos no es hermandad.
Es una asociación de administración discrecional, envuelta en discursos
de moralidad que se deshacen apenas se mira el estado de cuenta.
Loreto ya no cree en hermanitos del poder
No importa cuánta confianza hayan generado en el pasado. No
importa cuántos amigos puedan testificar su integridad. No importa cuán unidos
estén.
Cuando se administra plata del pueblo, la única familia que
importa es la región. Y la región exige explicaciones ya.
Porque la hermandad entre funcionarios no puede estar por
encima de la honestidad pública.
Porque la lealtad no es al “hermano del cargo”: es al loretano de a pie.
Y si esa regla básica
no la entienden, entonces no solo están fuera de la realidad: están fuera de la
ética.
A MODO DE COMENTARIO:
Hay gente que presume honestidad como quien presume un reloj
de lujo: solo mientras nadie lo mira de cerca.
Y eso es exactamente lo que está pasando con estos
funcionarios del GOREL —los supuestamente íntegros, los “honestos de toda la vida”,
los que se llenan la boca hablando de principios, valores y compromiso con
Loreto— pero que cuando se abre una rendija para aprovecharse, entran de
cabeza como si hubieran pasado toda la vida entrenando para ese momento.
Porque no nos engañemos: las personas honestas de verdad no
necesitan pensar dos veces para rechazar un uso dudoso de recursos públicos. Las
personas honestas no aceptan S/ 48,600 adicionales, más viáticos de
S/ 8,100, sin exigir antes una justificación transparente.
Las personas honestas no se hacen las sorprendidas cuando se les exige rendir
cuentas.
Pero aquí todo indica lo contrario: que estaban listos,
atentos, silenciosos, con la conciencia en modo avión… esperando la oportunidad
para “no dejar pasar” un encargo interno grotesco disfrazado de misión
institucional. No, señor.
La malversación no se comete por accidente.
El dinero no aparece en la cuenta sin que uno lo note. Los fondos del
fideicomiso no se convierten en viáticos inflados por obra divina. Y nadie con
experiencia en gestión —mucho menos dos de los funcionarios más importantes del
GOREL— puede decir que no entendía lo que estaba haciendo.
Aquí no hubo ignorancia. Hubo oportunidad. Hubo decisión. Hubo
cálculo. Y hubo silencio.
Ese silencio cómodo del que sabe que está haciendo algo
indebido, pero confía en que nadie tendrá el valor de cuestionarlo porque “la
prensa está controlada”, “el pueblo no entiende” o “todo se va a diluir”.
La peor clase de funcionario no es el corrupto declarado.
Es el que usa la reputación de honesto como blindaje, mientras espera la
primera ocasión para meter la mano sin dejar huella.
Y exactamente por eso, esta vez, la región debe exigirles lo
que más detestan: Rendición de cuentas real. Responsabilidad política. Transparencia
total.
Porque si realmente eran honestos, este es el momento
perfecto para demostrarlo. Y si no lo hacen, entonces la verdad es simple:
Solo estaban esperando su turno.
Alberto Vela
Fuente: Página Facebook QUINTO PODER





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