FELIZ NAVIDAD

En esta Navidad quiero compartir con ustedes una imagen sencilla, pero llena de significado. Una canoa avanzando lentamente sobre aguas tranquilas, en medio de la selva viva y silenciosa. No hay prisa, no hay ruido, no hay exceso. Solo el viaje, la familia, la confianza y el rumbo compartido.

En ella viajan un hombre y una mujer campesinos con su niño. No son personajes extraordinarios, y precisamente por eso representan a todos. Son la imagen de millones de familias que, ayer y hoy, reman la vida con esfuerzo, dignidad y esperanza, buscando un destino donde el bienestar no sea privilegio de unos pocos, sino un derecho compartido por todos.

Así llegó Jesús al mundo: en una familia sencilla, en los márgenes, caminando con los pobres y enseñándonos que el Reino de Dios comienza allí donde la vida es cuidada, donde el trabajo es digno, donde el pan se comparte y donde el futuro de los niños importa más que cualquier poder o riqueza.

Ese hombre y esa mujer no solo avanzan por el río: sostienen la vida, transmiten valores, siembran esperanza. Y ese niño, silencioso pero presente, es el mañana que todos anhelamos; es la promesa de un mundo más justo, más humano, más fraterno. Como ellos, todos estamos en camino, llamados a remar juntos para que nadie quede atrás.

La canoa no avanza sola. Necesita manos que remen, miradas que confíen, corazones que sepan hacia dónde van. Así también el Reino de Dios se construye en comunidad, en lo cotidiano, en cada gesto de solidaridad, en cada decisión justa, en cada acto de amor silencioso.

A mis amigos y lectores de UNO AL DÍA, les deseo una Navidad serena y luminosa. Que el nacimiento de Jesús nos ayude a reencontrarnos con lo esencial, a reconocer la grandeza de la vida sencilla, y a comprometernos con un destino común donde el bienestar, la paz y la dignidad sean para todos.

Que Dios nazca de nuevo en nuestros corazones y nos conceda la gracia de seguir construyendo su Reino aquí y ahora.

¡Feliz Navidad!

Alberto Vela

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