CASO SORIA–SHUPINGAHUA: INTERVIENE LA COMISIÓN REGIONAL ANTICORRUPCIÓN DE LORETO

UNA COMISIÓN QUE LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN CON LA MISMA INTENSIDAD CON LA QUE UN PANFLETO LUCHA CONTRA EL VIENTO

En Loreto, donde la creatividad política nunca descansa, acaba de activarse —otra vez— la maquinaria más eficaz que se haya inventado para no hacer absolutamente nada con solemnidad institucional: la famosa Comisión Regional Anticorrupción (CRA) de Loreto.

Sí, ese órgano “clave” —clave para abrir la puerta equivocada, clave para perder expedientes, clave para simular moralidad— ha decidido “intervenir” en el caso Soria–Shupingahua, un episodio tan predecible como que llueva en noviembre o que un político loretano niegue lo evidente.

La noticia, por supuesto, ha generado revuelo:
“¡La CRA está interviniendo! ¡Ahora sí!”
Gritan los distraídos. Pobrecitos.

La Comisión, ese círculo de instituciones que se vigilan entre ellas como un grupo de gatos mirando un espejo, asegura que activará todos sus “mecanismos”. Y vaya que son muchos:

  • El mecanismo de emitir un comunicado que nadie lee,
  • el mecanismo de convocar una reunión para otra reunión,
  • el mecanismo de prometer un informe que nunca será publicado,
  • y por supuesto su mecanismo estrella:
    la foto oficial con cara de preocupación institucional, que luego suben al Facebook del GORE con el hashtag #IntegridadEnAcción.

Un lujo.

La verdad incómoda detrás de la CRA

No nos engañemos: la Comisión Regional Anticorrupción de Loreto es la expresión más sofisticada del concepto “juez y parte”.
Es como poner a los lobos a organizar el comité de convivencia de la granja.

La Comisión, por si alguien no lo sabía, está integrada por:

  • El Gobierno Regional —que, como todos sabemos, siempre está libre de tentaciones.
  • El Poder Judicial —que jamás ha tenido un juez salpicado por nada turbio.
  • La Fiscalía —que nunca ha archivado nada sospechosamente rápido.
  • La Procuraduría —que siempre lucha con uñas, dientes y cotonetes.
  • La Defensoría —que defiende, sí, pero a veces no se sabe muy bien a quién.
  • Alcaldes —que ya con estar ahí completan el chiste.
  • El sector privado —ese actor tan puro que uno llora.
  • Y la sociedad civil —esa pobre invitada que sirve de relleno para que parezca democrático.

Con esa alineación, ¿cómo no confiar?
Es prácticamente la Liga de la Justicia… pero sin poderes, con conflictos de interés y sin presupuesto.

La foto grupal parece un selfie de una reunión de sospechosos: todos juntos, todos sonrientes, todos hablando de integridad como si no los conociera nadie en Loreto.

¿Qué puede hacer la CRA en el caso Soria–Shupingahua?

Veamos las opciones:

  1. Respirar profundamente.
  2. Convocar un foro donde todos digan lo mismo con palabras largas.
  3. Proponer una mesa técnica que derive en otra mesa técnica.
  4. Emitir un informe que diga “recomendamos recomendar que se recomiende”.
  5. Y, si están de humor heroico, enviar un oficio al GORE.
    Un oficio.
    ¡Un misil administrativo!

Mientras tanto, el caso sigue avanzando como todos los casos en Loreto:
a tropezones, con rumores, con pasillos ardiendo y con instituciones corriendo detrás del escándalo intentando parecer sorprendidas.

La CRA interviene… pero ¿a quién?

Porque todos sabemos que en Loreto la anticorrupción funciona como un espejo: uno se mira, se arregla la corbata y sigue caminando.

Es la magia de este órgano:
nadie se toca, nadie se investiga, nadie se altera. Todo queda limpiamente registrado como “gestión articulada”, que es la manera elegante de decir “nos reunimos para no complicarnos”.

Así que celebremos:
la Comisión Regional Anticorrupción de Loreto ha intervenido.
La palabra está lanzada.
La foto está tomada.
El comunicado está redactado.

Ahora sí, tiemblen los corruptos.
Y si no tiemblan, tranquilos:
la CRA puede emitir otro comunicado.

Alberto Vela

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