PANELES SOLARES PARA IQUITOS: EL NUEVO NEGOCIAZO VERDE. CUANDO LA IMPROVISACIÓN GOBIERNA EN LORETO.
Hoy en el diván se han sentado dos personajes que, si no fueran autoridades, serían un excelente sketch cómico:
Un gobernador médico que cree que la crisis energética de Iquitos se
cura con vitaminas solares, y su asesor de cabecera: un lobista en sus
ratos libres y gurú espiritual del sueño solar.
Una dupla que ha decidido que el futuro energético de toda la Amazonía puede
reducirse a un PowerPoint con paneles solares dibujados y un par de discursos
de feria.
Según ellos, la solución está clarísima:
llenar la Amazonía de paneles solares, como si Iquitos fuera un desierto
californiano y no una ciudad donde llueve más que razones para desconfiar del
gobierno regional.
Esta propuesta es el equivalente técnico a querer iluminar
un estadio con velas aromáticas. Pero claro, hablar de energía solar suena
moderno, se ve bonito en Facebook y abre posibilidades maravillosas para
contratar proveedores amigos. Que
importa la realidad técnica cuando el negocio está servido.
Y aquí el diván exige una aclaración quirúrgica:
¿Qué significa “negocio” en esta historia?
No hablamos de inversión pública seria ni de planificación
energética.
“Negocio”, aquí, significa:
- Contratos
diseñados para beneficiar a proveedores específicos.
- Equipos
y consultorías sobrevaloradas.
- Comisiones
y porcentajes bajo la mesa.
- Proyectos
impulsados porque dejan plata rápida, no porque resuelvan nada.
- Asesores
que no asesoran, sino intermedian, empujan, cobran y disfrazan
intereses privados de “soluciones modernas”.
En pocas palabras:
negocio = un proyecto público convertido en maquinaria para recaudar
ganancias privadas, mientras el problema real sigue intacto.
Pero volvamos al
“milagro solar”.
La Amazonía peruana tiene uno de los niveles más altos de
nubosidad del planeta.
La radiación solar es intermitente, inestable y profundamente impredecible.
Los paneles solares funcionan, sí… pero no para sostener una ciudad
amazónica aislada, con picos de demanda, infraestructura frágil y una
dependencia absoluta de generación firme.
Los ingenieros serios lo saben.
Los planificadores serios lo saben.
Hasta los electricistas de barrio lo saben.
Pero los “serios” no sirven para este tipo de proyectos
porque los serios no ofrecen coimas, ni comisiones, ni consultorías místicas.
Por eso la voz cantante no la lleva el conocimiento técnico:
la lleva el asesor convertido en chamán energético, que ha logrado convencer al
gobernador de que la Amazonía puede alimentarse del sol… como si aquí no
hubiera temporadas enteras donde el cielo es una sola manta gris.
Y justo cuando uno piensa que este show solo es regional,
aparece la parte más jugosa:
el Ministerio de Energía y Minas (MINEM).
Porque esta maquinaria del negocio no se cocina solo en
Loreto; se sazona en Lima.
Los funcionarios del MINEM no son espectadores: son engranajes centrales de
la mordida.
Los viceministerios no viajan para informar: viajan para alinear,
“coordinar”, “priorizar” y, por supuesto, asegurar que los proyectos
correctos —los que dejan— avancen sin auditorías incómodas.
Es una cadena perfecta:
- el
gobernador que vende humo,
- el
asesor que diseña el negocio,
- el
ministerio que avala la operación,
- y
los proveedores que esperan cobrar.
Todo listo, todo limpio, todo “sostenible”.
Mientras tanto, lo único que sí avanza con velocidad de rayo
es el aspecto comercial del proyecto.
Lo técnico, lo real, lo estratégico… eso puede esperar.
Lo urgente —para ellos— es firmar, fotografiarse y asegurarse de que la
maquinaria del negocio, desde Loreto hasta Lima, esté debidamente
lubricada.
¿Y el Sistema Eléctrico Interconectado Nacional - SEIN?
Ese proyecto serio, estructural, estable, estratégico y realmente beneficioso
para la región…
no interesa.
Porque el SEIN no deja plata rápida.
No deja consultorías exprés.
No permite jugar al “visionario ecológico” mientras se reparten porcentajes.
Y no puede venderse como un milagro instantáneo de campaña.
Así, mientras los funcionarios juegan a ser emprendedores
solares, Iquitos continúa igual:
dependiente, vulnerable, cara, inestable y condenada a soluciones parchadas.
En términos clínicos —hablando el idioma del gobernador—, lo
que están recetando es placebo energético: un tratamiento vistoso, caro,
inútil y completamente ajeno a la realidad amazónica.
Diagnóstico final desde el diván
No están diseñando el futuro energético de Iquitos.
No están modernizando la matriz.
No están pensando en la Amazonía.
Están diseñando el negocio.
Y en el Perú, ya sabemos:
cuando el negocio aparece, la técnica desaparece.
Y cuando desaparece la técnica, desaparece el futuro.
Mientras tanto, el dirigente Tuanama desapareció del mapa
¿Recuerda usted al vehemente dirigente que gritaba, marchaba
y exigía soluciones?
¿Aquel que decía defender la causa del pueblo?
Bueno… parece que ya encontró solución:
"Pobrecito, qué pudo haber afectado su vehemencia y esta en silencio".
La matemática política es simple:
si el dirigente deja de convocar, el negocio avanza.
Si no incomoda al gobernador, fluye el proyecto.
Si se calla, la licitación canta.
La historia es tan vieja que debería enseñarse en inicial.
Alberto Vela

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