¿ODIAS AL CHAVISMO?… AQUÍ TIENES MÁS RAZONES PARA HACERLO

(Especialmente si te encanta repetir lo que no te dijeron que repitas, pero repites)

I. Antes de empezar: respira hondo, no pienses, repite

Si odias al chavismo, probablemente no te costó mucho trabajo llegar a ese punto. Es sencillo: basta con encender cualquier canal internacional de noticias, leer un par de editoriales escritos en oficinas alfombradas a miles de kilómetros de Caracas, y ¡magia! De pronto te sientes experto en geopolítica, petróleo, autoritarismos tropicales y psicología del “dictador con boina”.

No necesitaste estudiar nada. No necesitaste leer. Los medios ya hicieron ese esfuerzo por ti. Tú solo tenías que sentir.

Porque—hay que admitirlo—odiar al chavismo no es una postura política; es un producto emocional de exportación, fabricado con la delicadeza con la que se arman campañas publicitarias. Tú no consumiste ideas: consumiste branding. “Chavismo malo”, “Venezuela destruida”, “pueblo sometido”. “dictadura”, “socialismo fracasado”. "fraude electoral". Todo servido en cápsulas fáciles de tragar.

De hecho, si tu odio viene empaquetado con frases como “arruinaron el país más rico de Sudamérica”, entonces felicidades: ya formas parte del club mundial de la opinión tercerizada.

II. Occidente y la receta del odio instantáneo

¿Qué sería del odio al chavismo sin sus padres fundadores?
Estados Unidos, Europa occidental, sus tanques de pensamiento, sus medios, sus expertos de escritorio… todos ellos dedicaron dos décadas, desde que entro Chávez al poder, a un trabajo prolijo y apasionado: convertir a Venezuela en la encarnación del mal político, el ejemplo para que ningún pueblo jamás se atreva a votar “incorrectamente”.

La fórmula fue sencilla:

  1. Demoniza al líder.
  2. Simplifica la realidad.
  3. Reduce al país entero a un desastre sin contexto.
  4. Repite hasta que la gente deje de preguntar.

Y Zas!: millones de latinoamericanos odiando a un movimiento político que nunca estudiaron, que nunca vivieron y que en muchos casos jamás afectó sus vidas… pero que sin embargo les parece el máximo asunto moral del continente.

No es ideología.
Es alineamiento emocional hemisférico.

III. La guerra narrativa (internacional + local = combo para zombificar)

Aquí viene la parte clave: no basta con CNN, The New York Times o los think tanks en Washington, la BBC, El País, DW, France 24, etc. La guerra narrativa solo funciona cuando se articula con los medios locales de cada país latinoamericano, en Perú: El Comercio, Perú 21, Trome, El Popular, Panamericana 24 horas, Latina Noticias, Programas de Willax, etc. esos que pertenecen a un puñado de familias que deciden qué debes pensar para seguir votando como ellos quieren.

Ahí está la maravilla:

  • Los medios internacionales construyen el marco moral.
  • Los medios locales lo repiten con el entusiasmo de quien defiende su hacienda.
  • Y tú, sin quererlo, terminas sosteniendo opiniones que no nacieron en ti, sino en escritorios donde jamás escucharían tu nombre.

Te conviertes en ese soldado involuntario que pelea una batalla ajena.
Un guerrero de sofá, defendiendo a las élites de tu país sin que ellas te lo pidan; repitiendo su agenda como si fuese tuya.

Los grandes medios occidentales necesitaban convertir al chavismo en una advertencia.
Las oligarquías locales necesitaban convertirlo en un espantapájaros que evitara cualquier intento de redistribuir poder en sus propios países.
Y tú… bueno, tú necesitabas sentir que estabas “informado”.

Todo encaja.
La maquinaria funciona como un reloj suizo.

IV. El milagro: odiar sin saber por qué

La obra maestra del control mediático no es convencerte de algo difícil. Es convencerte de que tus ideas son tuyas… cuando en realidad te las instalaron.

Por eso tantos ciudadanos repiten titulares como si fueran ensayos, memes como si fueran datos, relatos prefabricados como si fueran conclusiones propias. Son personas que sienten que odian, pero no saben explicar por qué. Que defienden intereses que nunca serán los suyos. Que desprecian a Venezuela, pero no pueden decirte quién gobernaba ese país antes de 1999, ni cómo funcionaba su “idílica” democracia, ni quién se robó PDVSA durante décadas.

El odio no nace de una experiencia real.
Nace de una narrativa diseñada para que jamás se te ocurra dudar.

Y AHORA: El Cartel de los Soles: la marca premium del miedo importado

Y ahora, por si te faltaba un paquete más en tu carrito de indignación prestada, te venden el famoso “Cartel de los Soles”: una acusación tan perfecta que ni necesita pruebas, porque se alimenta sola. Fue concebida en laboratorios políticos de Washington como esas campañas virales que no requieren pensar; basta con que parezca peligrosa, suene exótica y permita concluir, sin una pizca de evidencia judicial, que un Estado entero es una narco-dictadura tropical.

Y tú, usuario promedio de indignación tercerizada, lo repites con entusiasmo.
Ni sabes de dónde salió el término, ni por qué aparece siempre justo cuando Venezuela da un paso hacia soberanía energética o social.
Pero ahí estás, feliz, reproduciendo el slogan como si hubieras pasado diez años investigando narcotráfico en la frontera colombo-venezolana.

Mientras tanto, ¿qué cartel no ves?
– No ves el Cartel del Petróleo, que quiere controlar la Faja del Orinoco.
– No ves el Cartel de los Think Tanks, que decide qué debes sentir.
– No ves el Cartel de los medios, que jamás publicará que el “cartel” original fue un invento funcional a la geopolítica energética.
– Y no ves el Cartel de los Ministros Europeos, que sancionan sin leer un informe.

Pero eso sí:
te sabes de memoria el del eslogan del día: “Cartel de los Soles”.

Porque, como siempre, te vendieron la historia… y la compraste.

V. Mañana: la verdad incómoda que no te contaron

Porque si hoy odias al chavismo con la pasión de un fanático de fútbol, mañana te vas a enterar de algo que muy pocos quieren recordar:

cómo era Venezuela antes de Chávez, quiénes eran los verdaderos dueños del país, cómo funcionaba su democracia pactada, excluyente, corrupta y racista, y por qué la élite económica lloró lágrimas de sangre cuando un militar con acento llanero les arruinó su fiesta privada.

Mañana lo contamos todo.
Sin eslóganes.
Sin propaganda.

Con datos duros.

Prepárate:
A veces la verdad no indigna.
Descoloca.

Alberto Vela

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