DESDE EL DIVÁN MUNDIAL: CHILE VUELVE AL DIVÁN… PERO ESTA VEZ EL TERAPEUTA TAMBIÉN ESTÁ ASUSTADO

La política chilena regresa al sillón, con ojeras, temblores y un vaso de agua en la mano. Y no es para menos: la segunda vuelta enfrenta a una socialdemócrata “con etiqueta comunista” y a un heredero —político y biográfico— de la ultraderecha más dura del continente. Un menú que haría sudar incluso al terapeuta más experimentado.

Pero vamos por partes, porque esta historia no es tan lineal ni tan caricaturesca como algunos medios quieren venderla. En realidad, es peor.

1. La elección más incómoda de Chile

Jeanette Jara, del Partido Comunista, avanza a la segunda vuelta con un proyecto socialdemócrata moderado: reforma de pensiones, salario mínimo, rebaja de jornada laboral, medidas de cohesión social. No hay soviets. No hay colectivización. No hay guillotinas. Hay tecnocracia con sensibilidad social.

Frente a ella, José Antonio Kast.
Y aquí sí hay historia —y de la pesada.

Kast no es solo “de derecha dura”. Es un político que defiende explícitamente la dictadura militar de Pinochet, minimiza violaciones de derechos humanos, reivindica el legado de Pinochet y empuja una agenda autoritaria con retórica antiinmigración, “mano dura” y liberalización económica sin frenos. Y claro, ahí está el factor familiar: un padre miembro del partido nazi en Alemania y un hermano ministro y economista clave del régimen militar.

Pero en realidad, esto no es sobre quién tuvo peor árbol genealógico, sino sobre un país atrapado entre sus traumas y sus miedos.

2. Boric: el experimento que llegó con épica y terminó con miedo

La caída de la izquierda chilena no se explica sin Boric, aunque sus adversarios gustan de exagerarlo. El presidente llegó con promesas épicas:

  • “Un nuevo Chile”.
  • “Enterrar la constitución de Pinochet”.
  • “El fin del neoliberalismo experimental”.

Pero el proceso constituyente fracasó por una mezcla de excesos, torpeza política, desorganización y un gobierno que perdió la iniciativa.
¿Resultado? Una derrota histórica en el plebiscito y un gobierno atrapado entre el cálculo, el miedo y la moderación forzada.

Todo ese desgaste, todas esas heridas abiertas, toda esa frustración… le cae encima a Jara, aunque ella no haya sido responsable directa.

3. Kast crece porque la derecha sí tiene proyecto… aunque sea un proyecto regresivo

Mientras la izquierda disputa sus propias dudas, la derecha chilena está disciplinada, organizada y sin culpa.
El Congreso es suyo. Los medios favorecen su narrativa. Kast logró consolidar un bloque que mezcla conservadurismo, nostalgia autoritaria, neoliberalismo duro y un relato claro: “orden, identidad, libre mercado”.

Es un cóctel peligrosísimo para cualquier democracia cansada, pero seductor para una ciudadanía saturada de frustración, violencia y promesas incumplidas.

La izquierda llega desmovilizada. La derecha llega alineada.
Y eso, en política, suele ser definitivo.

4. Entre el reformismo gris y la contrarrevolución con brillo

Aquí está el verdadero drama:

Jara no es una amenaza para nadie que no vea comunistas debajo de la cama. Es una política pragmática con un programa socialdemócrata y un estilo serio, sin épica pero sin riesgos.

Kast, en cambio, representa un retroceso histórico:

  • Reivindicación de un régimen violento.
  • Restricciones potenciales a derechos civiles.
  • Un modelo económico de los 80.
  • Alienación con la ultraderecha global estilo Vox, Trump, Milei.

La elección debería ser obvia.
Pero la política chilena no vive de lo obvio: vive de sus traumas.

5. La lección que la izquierda no quiere aprender

La izquierda chilena —y no solo la chilena— ha querido enfrentar a la ultraderecha con el manual de la moderación infinita, esperando que el miedo al retroceso movilice solo.
No funciona.
Nunca ha funcionado.
No funcionará ahora.

Con miedo, tibieza y cálculo, solo se alimenta la narrativa del “cambio radical” que ofrece la ultraderecha. Y cuando el reformismo llega sin épica, la reacción aparece con pulso militar.

6. Chile elige: ¿seguir respirando o aprender a vivir sin oxígeno?

Este 14 de diciembre no se elige entre dos programas:
Se elige entre mantener la democracia abierta aunque imperfecta, o coquetear de nuevo con una tradición autoritaria que Chile no logra enterrar.

Jara no promete revoluciones.
Kast promete regresiones.

Chile ya estuvo en ese abismo. Y está a punto de asomarse otra vez.

Alberto Vela

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