CRISIS DE LIDERAZGO: UNA CRISIS DE PROPÓSITO, UNA CRISIS DE LEGITIMIDAD, UNA CRISIS DE MORAL

Vivimos un contraste revelador e inquietante: nunca hubo tantos cursos de liderazgo, tantas charlas TED, tantos gurús corporativos, tantos manuales que prometen “formar líderes del futuro”. Y sin embargo, el liderazgo real —ese que transforma, incomoda, marca rumbo y confronta poderes— está en agonía. No por falta de personas talentosas, sino porque el sistema político occidental dejó de producir (y tolerar) líderes auténticos.

Hoy, el poder se ha vuelto un oficio. Un empleo. Una gerencia pública.
No un proyecto histórico.

1. El vacío de liderazgo en Occidente

En la mayor parte de países occidentales, quienes gobiernan ya no son líderes, sino tecnócratas elegidos. Administradores del día a día. Funcionarios cuya mayor ambición es sobrevivir al siguiente ciclo electoral o asegurar el próximo contrato para sus aliados.
El liderazgo se redujo a una campaña de marketing.

¿Qué debemos entender por “Occidente”?

Occidente es el bloque de países que por décadas dictó al mundo los “modelos de democracia”, desarrollo y liderazgo: Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, el Reino Unido y sus aliados políticos y culturales.

Ese bloque que se presentó como referente moral del planeta hoy atraviesa un momento de decadencia política donde la visión se subordinó al guion de Estados Unidos y la creatividad geopolítica quedó en manos de burócratas sin carácter.

¿Quién lidera hoy en Occidente?

Si miramos el mapa con honestidad, veremos algo sorprendente: los pocos líderes visibles no están en Europa ni en la OTAN, sino en América Latina. Son líderes que, te gusten o no sus políticas, poseen atributos mínimos de liderazgo real:

  • dicen lo que piensan,
  • rompen con el libreto impuesto por EEUU o intereses globales,
  • confrontan poderes fácticos,
  • y actúan desde proyectos nacionales, no desde la administración rutinaria del Estado.

Por eso resuenan nombres como: AMLO (y ahora Claudia Sheinbaum), Lula, Petro, Bukele.

Son distintos entre sí, algunos polémicos, algunos disruptivos, pero todos marcan agenda. Y marcar agenda es la esencia del liderazgo.

Mientras tanto, Europa exhibe políticos grises que funcionan más como voceros de intereses ajenos que como líderes con voz propia. Occidente se ha convertido en un sistema donde el poder se obedece, no se ejerce.

2. El caso peruano: un páramo político

Si Occidente vive una crisis de propósito, el Perú vive directamente una desolación moral. La política peruana no solo carece de líderes: ha perdido la capacidad de producirlos.

En el Perú actual:

  • el político no representa a nadie,
  • el dirigente social representa a quien lo paga o financia,
  • el ciudadano está desprotegido,
  • y la corrupción dejó de ser problema para convertirse en sistema operativo del Estado.

LA ANTÍTESIS DEL LIDERAZGO

¿Por qué no hay líderes en el Perú?

Porque un líder verdadero debe:

  • pagar costo político,
  • tener espina dorsal - carácter, firmeza y coraje moral
  • confrontar poderes reales,
  • y poseer un horizonte moral mínimo.

Y en el Perú —especialmente en Loreto— eso equivale a suicidio político.

Aquí:

  • la política es botín, no vocación,
  • el dirigente social es intermediario, no defensor,
  • el “líder” es operador, no constructor,
  • la ciudadanía tiene expectativas tan bajas que agradece que “no la roben demasiado”.

El resultado es un ecosistema donde:

  • el que llega al poder roba,
  • el que no llega conspira para robar luego,
  • el dirigente social indigna según tarifa,
  • y los gobiernos subnacionales funcionan como consorcios criminales legalizados.

3. Loreto: el laboratorio de la anti-política

Si el Perú funciona mal, Loreto funciona peor. Aquí el Estado ya no está fallado: está secuestrado.

Loreto es el espejo más desnudo de la crisis peruana:

  • obras infladas, abandonadas o fantasmas,
  • élites políticas sin competencia ni ética,
  • dirigentes “sociales” que negocian silencios,
  • prensa local comprada con migajas,
  • intereses privados que capturan decisiones públicas,
  • y un territorio inmenso gobernado por camarillas y feudos.

Aquí no solo no hay liderazgo; aquí se sofoca cualquier intento de liderazgo real.

El que intenta entrar con integridad:

  • no entra,
  • o entra y lo destruyen,
  • o termina aislado porque no se alinea a la corrupción normalizada.

4. La consecuencia: el verdugo y la víctima se abrazan

El fenómeno más trágico —y que muy pocos quieren reconocer— es este:
en Loreto, muchos dirigentes terminan del lado del político corrupto, del verdugo.

Se toman fotos con quienes empobrecen al pueblo.
Firman actas para callar.
Defienden al que los roba.
Aplauden al que los humilla.

Todo a cambio de:

  • un contrato para un primo,
  • un puestito,
  • un viaje,
  • o unos cuantos miles de soles.

Es la tragedia perfecta: el ciudadano pobre paga impuestos para financiar a autoridades que lo traicionan, y dirigentes que deberían defenderlo lo venden barato.

5. Entonces, ¿qué liderazgo hace falta?

Solo uno: liderazgo moral.

No liderazgo técnico. No liderazgo comunicacional. No liderazgo electoral.

Liderazgo moral.

Un liderazgo capaz de:

  • hablar claro, sin guion ajeno,
  • confrontar corruptos sin pactar,
  • reconstruir la dignidad ciudadana,
  • convocar desde un proyecto colectivo,
  • defender el bien común por encima del cálculo,
  • y volver a sembrar propósito en un país que lo perdió todo.

Occidente lo perdió. El Perú nunca lo consolidó. Y en Loreto es prácticamente inexistente.

Pero puede nacer.
Y cuando nace, cambia todo.

Porque un liderazgo moral es contagioso: enciende conciencia, despierta dignidad, obliga a elegir bando.

Y hoy, más que nunca, Loreto necesita elegir: entre seguir abrazando a sus verdugos, o comenzar a construir líderes que devuelvan esperanza, dirección y futuro.

Alberto Vela

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