CADE EJECUTIVO: UN TAL IAN VÁSQUEZ DICE QUE EL PERÚ CRECERÍA 7% CON LIBERTAD ECONÓMICA
Desde el Diván Nacional, donde los dogmas se acuestan a confesarse y las recetas mágicas terminan con diagnóstico reservado, hoy le damos terapia al neoliberalismo de manual que reapareció en el CADE Ejecutivo, con el disfraz de “libertad económica”.
Un tal Ian Vásquez, vicepresidente del Cato Institute, ha venido al CADE a revelarnos la fórmula mágica del crecimiento eterno: basta con más “libertad económica” y, ¡zas!, el Perú crecería al 7%. No es broma, lo dijo en serio.
Suena inspirador, ¿no? Lástima que, detrás del eslogan, haya más ideología que
economía, más fe que evidencia, y más nostalgia por los noventa que comprensión
del país real.
Veamos, entonces, con bisturí en mano, de qué está hecha
esta receta milagrosa.
1. “Perú crecería al 7% con libertad económica” — la
fórmula mágica del Cato Institute
Esta frase es casi un spot publicitario, no una conclusión
técnica. Vásquez parte de una premisa ideológica: que el crecimiento depende de
cuánta libertad se le da al mercado. No menciona productividad, innovación, ni
diversificación productiva. El dogma es simple: menos Estado, más mercado.
Pero la historia reciente del Perú demuestra otra cosa. El crecimiento de los
2000 no fue obra del libre mercado sino del boom de los precios de los
minerales, un contexto internacional excepcional que permitió sostener un
modelo extractivista sin diversificación. Es decir, prosperamos por el cobre,
no por las ideas del Cato.
2. “Tenemos una base macroeconómica sólida” — la mitad de
la verdad
Cierto, el Perú mantiene equilibrio fiscal, reservas
internacionales y baja deuda pública.
Pero esa “solidez” macroeconómica convive con una precariedad microeconómica
crónica: más del 70% de informalidad, servicios públicos colapsados,
desigualdad persistente y una productividad laboral que no despega.
La macroeconomía peruana es como una vitrina limpia: se ve bien desde afuera,
pero adentro las perchas están vacías.
La narrativa del “Perú fuerte” sirve, una vez más, para maquillar que el
crecimiento no se traduce en bienestar ni movilidad para las mayorías.
3. “La diferencia entre crecer al 3% o al 7% está en las
políticas” — la ilusión del tecnócrata
Esa frase suena determinante, pero es una ilusión. El 7% de
crecimiento de los 2000 no fue producto de “mejores políticas”, sino de un
contexto internacional irrepetible: auge minero, demanda china y dinero
barato.
Hoy el mundo es otro: transición energética, desaceleración global y un mercado
mucho más competitivo. Pensar que basta “recuperar la libertad económica” para
duplicar el crecimiento es una lectura anacrónica, casi nostálgica del Consenso
de Washington.
A veces, lo más peligroso no es un político populista, sino un economista que
cree que la historia se repite por decreto.
4. “Reducir la regulación y el tamaño del Estado” — el
eterno mantra
Cada vez que un economista del Cato Institute habla de
“exceso de regulación”, conviene preguntar: ¿qué regulación exactamente?
¿La que protege el medio ambiente? ¿La que impide la tercerización abusiva? ¿La
que controla monopolios o evasores?
Detrás del discurso tecnocrático hay una ofensiva ideológica para devolverle
poder al gran capital —minero, financiero y corporativo— bajo la narrativa de
la “eficiencia”.
Y cuando hablan de “reducir el gasto público”, en realidad se refieren a
recortar en salud, educación y programas sociales.
Eso sí: jamás en exoneraciones, subsidios empresariales o contratos-ley.
Ahí, el Estado grande y generoso sí les encanta.
5. “Sin libertad económica no hay crecimiento sostenible”
— el dogma final
Es el corolario del catecismo neoliberal. Pero la evidencia
muestra lo contrario: países con Estados fuertes y políticas industriales
activas —como Corea del Sur, Finlandia o China— lograron crecimientos
sostenidos y competitivos.
La libertad económica sin un Estado que garantice equidad y capacidades no es
libertad: es jungla.
Y en esa jungla, los que sobreviven no son los emprendedores pequeños ni los
campesinos, sino los grandes grupos que pueden poner sus reglas y mover el
tablero a su favor.
Lo que realmente significa “libertad económica” para un
neoliberal
Cuando un neoliberal habla de libertad económica, hay que
traducir el concepto.
Para ellos, “libertad” no significa más oportunidades para todos, sino que las
empresas, los bancos y los grandes inversionistas puedan actuar sin límites ni
fiscalización.
El Estado debe hacerse chiquito, cobrar menos impuestos y dejar que el mercado
“ordene” la vida económica.
En teoría, eso traería inversión y prosperidad. En la práctica, la cancha se
desnivela: los grandes ganan libertad para acumular y la mayoría pierde
libertades reales —la de acceder a salud, educación, empleo estable o un
ambiente sano.
Así, la “libertad económica” termina siendo la libertad del poderoso para hacer
negocio sin obstáculos, mientras el resto solo conserva la libertad de
sobrevivir en la informalidad.
En conclusión: el mismo dogma, con distinto calzón
El discurso de Ian Vásquez podría haberse pronunciado en
1995, en 2005 o en 2025: la misma receta neoliberal con otro envoltorio.
Mientras ellos discuten sobre libertad económica en hoteles de lujo, el país
real —el de los mercados, los mototaxistas, los agricultores y las escuelas sin
agua— sigue esperando la libertad más básica: la de vivir con dignidad.
Todo lo demás, como decimos en el Perú, es la misma chola, pero con distinto
calzón.
Alberto Vela — Desde el Diván Nacional




Comentarios
Publicar un comentario