LOS SUEÑOS QUE NACEN DEL AGUA: PRIMER DÍA DE LA CUMBRE AMAZÓNICA EN IQUITOS
Ayer Iquitos amaneció con un aire distinto. No porque el calor o la humedad hayan dado tregua —eso es imposible—, sino porque empezó la Cumbre Amazónica del Agua, un espacio donde comunidades indígenas y ribereñas, defensores del territorio, iglesias, líderes de organizaciones sociales, científicos y ciudadanos de distintos países amazónicos y no amazónicos se juntaron para hablar de lo que más importa: cómo asegurar agua limpia para vivir bien en la Amazonía.
El primer día no arrancó con discursos largos, sino con algo
más fuerte: mirarnos al espejo de nuestros dolores y sueños. Y el marco fue
nada menos que los cuatro sueños del Papa Francisco en su exhortación Querida
Amazonía: cultural, ecológico, social y religioso. En grupos de 15
personas, se compartieron heridas, esperanzas y desafíos.
Sueño cultural: volver a confiar en el río
Aquí salió un dolor que pesa en el corazón de Iquitos y de
toda la cuenca: el río dejó de ser confiable. Antes el río era vida y
abundancia; hoy muchos lo ven con miedo, porque está lleno de basura,
combustible y aguas servidas.
Pero también hubo esperanza: recuperar la memoria del río, volver a enseñar a
los niños que el agua se cuida, que no se ensucia la fuente que nos da vida.
El desafío: cambiar hábitos arraigados y dejar de normalizar lo que daña. Pasar
de la indiferencia al compromiso cotidiano.
Sueño ecológico: salvar la Casa Común
El dolor aquí fue crudo: minería ilegal, petróleo, tala
indiscriminada, narcotráfico y un cambio climático que amenaza con transformar
la selva en sabana.
Pero hubo luz: comunidades que ya protegen sus quebradas, redes que empiezan a
articularse, y la certeza de que aún no es tarde para resistir.
El desafío es inmenso: enfrentar mafias, exigir presencia real del Estado y
unir ciencia con saber ancestral.
Sueño social: agua limpia como derecho
El dolor se resume en una paradoja que todos repetían: vivimos
rodeados de agua y, sin embargo, no tenemos agua potable. En Iquitos y en
cientos de comunidades ribereñas, beber del río es enfermarse.
La esperanza es simple pero enorme: que abrir el caño o sacar un balde del río
sea sinónimo de salud y dignidad.
El desafío: exigir obras de calidad, voluntad política real y participación de
las comunidades en cada decisión sobre el agua.
Sueño religioso: el agua como don sagrado
El dolor aquí es más silencioso: hemos perdido la mirada
espiritual sobre el agua. Hoy se la trata como mercancía o como desecho, no
como regalo de Dios.
La esperanza: ver a iglesias, pueblos indígenas y organizaciones caminar
juntos, defendiendo el agua como don y como vida.
El desafío: no quedarse en palabras bonitas ni en oraciones solitarias. Pasar a
la acción concreta, tejer redes de fe y valentía.
Dolor compartido, sueños en común
El balance de este primer día es claro: los dolores son
reales y duelen mucho, pero las esperanzas también laten fuerte. Y los desafíos
ya están sobre la mesa.
En Iquitos, en esta cumbre, se está recordando al mundo que
el agua no es un recurso cualquiera: es memoria, es cultura, es vida, es fe. Y
si cuidamos el agua, todavía podemos soñar con una Amazonía viva para los que
vienen detrás.
Y ahí está el llamado más grande: el sueño no termina en
esta Cumbre, comienza en cada uno de nosotros. Depende de ti, de mí, de
todos los que vivimos en la Amazonía y también de quienes miran desde lejos.
Porque el agua que corre por nuestros ríos también corre por nuestras venas, y
cuidarla es la única manera de asegurar que la vida siga fluyendo.
Alberto Vela


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