LA PREGUNTA TARDÍA DE CNN: CUANDO EL PERIODISMO LLEGA DESPUÉS DEL CRIMEN

"La verdad no sólo se oculta cuando se miente, también cuando se calla."

—Bertolt Brecht

El descubrimiento tardío

Recién ahora, cuando el cadáver político ya está frío, CNN en español publica —con gesto de asombro impostado— un titular que provoca risa amarga:

“¿Quién es Dina Boluarte, la presidenta de Perú que fue destituida por el Congreso?”

La pregunta llega con un retraso de casi tres años. Durante ese tiempo, el país vivió bajo el mando de esa misma mujer de la que ahora parecen enterarse. Una presidenta que no fue elegida, sino proclamada en una operación política irregular, mientras se omitían procedimientos constitucionales para vacar a Pedro Castillo y se fabricaba la narrativa de una sucesión “ordenada”.

Y fue CNN —junto a toda una red de medios “de referencia” occidentales— quien legitimó ese relato desde el primer día.

La amnesia como estrategia

Lo que CNN llama ahora “destitución” fue el epílogo previsible de una historia que el periodismo corporativo ayudó a escribir. Porque cuando el poder necesita silencio, la prensa global calla con elegancia.
Durante dos años, la cadena norteamericana se limitó a cubrir los hechos con el lenguaje burocrático de los comunicados diplomáticos:

  • “Disturbios”, no masacres.
  • “Reajustes políticos”, no golpes institucionales.
  • “Restablecimiento del orden”, no represión sistemática.

Mientras tanto, más de 50 peruanos eran asesinados en las calles, víctimas de una maquinaria estatal que disparó a matar bajo la mirada cómplice de un Congreso usurpador y de los aliados internacionales que lo sostuvieron.

Reconocimientos que huelen a pólvora

La misma noche en que Boluarte juró en el Congreso, Estados Unidos y la Unión Europea la reconocieron sin titubeo alguno. No esperaron informes, ni pericias legales, ni siquiera el eco de las primeras protestas. Bastó que alguien con banda presidencial apareciera en la pantalla.

Ese reconocimiento fue más que diplomático: fue un blindaje político.
Con él se envió un mensaje claro: “gobierna tranquila, tienes nuestro aval”.
Y mientras Washington hablaba de “estabilidad democrática”, el Perú descendía en picada hacia la descomposición moral, institucional y social.

Porque lo que vino después no fue gobernabilidad, sino una cleptocracia funcional al poder económico: contratos direccionados, favores judiciales, corrupción abierta, delincuencia tolerada. Todo al amparo de la “legalidad” congresal.

El poder real que CNN no nombra

Lo que CNN no se pregunta —ni se preguntará jamás— es quién gobierna realmente el Perú.
No hablarán de las familias empresariales que financian campañas, ni de las mineras que redactan sus propias normas, ni de los bancos que definen la política fiscal.
Tampoco de los medios locales que operan como brazos comunicacionales de esos mismos intereses.

Hablarán, sí, de “crisis de representación”, pero jamás de oligarquía estructural.
Dirán “corrupción generalizada”, pero nunca “corrupción planificada”.
Y por supuesto, nunca dirán que el Estado peruano se ha convertido en una empresa privatizada por mafias políticas al servicio de la elite económica.

Porque hacerlo implicaría reconocer que el problema no es Dina Boluarte —un personaje menor en la tragedia—, sino el sistema que la creó, la sostuvo y la usó hasta el final.

La complicidad de los testigos

El cinismo del periodismo global radica en su habilidad para hacerse el sorprendido.
Primero callan, luego titulan.
Primero legitiman, luego editorializan.
Primero bendicen al poder, luego descubren su podredumbre.

Y así, cuando ya nadie cree en nada, preguntan con inocencia actoral:

“¿Quién era Dina Boluarte?”

La respuesta, si de verdad quisieran escucharla, no necesita analistas ni cables internacionales: Dina Boluarte fue el rostro visible de un poder invisible, el instrumento de una casta que prefiere una república vacía antes que una democracia viva.

Concluyendo: el periodismo de la omisión

En América Latina, los golpes ya no se dan con tanques, sino con titulares.
Y la censura no se impone con balas, sino con narrativas.
El nuevo periodismo del orden global no necesita mentir: le basta con elegir qué no decir.

Por eso, cuando CNN pregunta “quién es Dina Boluarte”, en realidad no están preguntando quién la usó, quién la sostuvo y por qué ahora la han descartado.
Y esas, por supuesto, son preguntas que nunca responderán.

Alberto Vela

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