GOBERNAR EL AGUA, GOBERNAR LA VIDA: SEGUNDO DÍA DE LA CUMBRE AMAZÓNICA EN IQUITOS
El agua no se deja encasillar en un solo tema. Ayer, en el segundo día de la Cumbre Amazónica del Agua en Iquitos, quedó claro que el agua lo cruza todo: la salud, la alimentación, la cultura, la política, la espiritualidad. Es imposible hablar de agua sin hablar de la vida misma.
La jornada estuvo marcada por talleres simultáneos y
salidas al campo donde comunidades, organizaciones y especialistas
compartieron experiencias en torno a distintos ejes: agua y cambio
climático, agua y pesca, agua y mujeres, agua y memoria, agua y ciudad, agua y
salud, agua y espiritualidades, agua y arte, agua e industrias extractivas,
agua y políticas públicas. Un verdadero mosaico donde cada pieza muestra
una dimensión distinta de la relación con este bien común.
Agua y alimento: El río es el gran proveedor: da
peces, riega chacras, sostiene la seguridad alimentaria de comunidades enteras.
Pero cuando el agua se contamina, también enferma. Las discusiones giraron en
torno a cómo asegurar que lo que comemos siga siendo sano, lo cual depende
directamente de la salud del agua.
Agua e industrias extractivas: Aquí apareció la gran
tensión: las actividades extractivas —legales e ilegales— ponen en riesgo las
fuentes de agua. Minería, petróleo, hidroeléctricas. Se habló de impactos, pero
también de la necesidad urgente de establecer límites claros y regulaciones que
prioricen la vida sobre la ganancia.
Agua y mujer: En la Amazonía, como en muchas partes
del mundo, son las mujeres quienes cargan con el agua, quienes cocinan, lavan,
crían y sostienen el hogar. Por eso, un encuentro de mujeres mostró con fuerza
cómo el agua está directamente vinculada a la dignidad y al trabajo invisible
que sostiene a las familias.
Agua y memoria: Los talleres de memoria recordaron
que los ríos también son archivos vivos: guardan las historias, los paisajes
culturales y los caminos de nuestros pueblos. El mapa de la memoria del agua
en Iquitos fue un ejercicio conmovedor que nos recordó que perder un río
limpio es perder parte de nuestra identidad.
Agua y ciudad: Un tema sensible en Iquitos y en
tantas ciudades amazónicas: vivimos rodeados de ríos, pero no tenemos agua
potable. Aquí se habló de lo absurdo que resulta abrir un caño y no encontrar
agua segura, de cómo la falta de saneamiento contamina aún más y de la urgencia
de repensar la gestión urbana.
Agua y salud: El agua que consumimos determina la
salud de las personas. Aguas con metales pesados, combustibles, plásticos o
bacterias son sinónimo de enfermedades. El taller dejó claro que la salud de
los ecosistemas y la salud humana son una sola.
Agua y espiritualidades: Un espacio profundo donde la
teología dialogó con las espiritualidades indígenas. El agua como don sagrado,
como símbolo de vida y purificación, como vínculo entre lo humano y lo no
humano. Se concluyó que recuperar esta mirada espiritual es clave para dejar de
tratar al agua como simple mercancía.
Agua y arte: El agua también se canta, se pinta, se
teje. La música, el arte amazónico y la artesanía fueron recordatorios de que
el agua es fuente de inspiración y parte de la belleza cultural que sostiene la
identidad amazónica.
Agua y políticas públicas: Finalmente, un taller
central: ¿cómo convertir todo esto en normas, programas y decisiones de Estado?
Porque hablar de gobernanza es eso: que todos los actores —Estado,
comunidades, iglesias, organizaciones, ciudadanos— asuman responsabilidad
compartida en la gestión del agua. Gobernar el agua no es controlarla, es
cuidarla, distribuirla con justicia y asegurar que siga siendo fuente de vida
para las generaciones que vienen.
La gobernanza del agua: sencilla y vital
En palabras simples, gobernar el agua significa:
- Cuidar
las fuentes: proteger ríos, quebradas, cochas y humedales de la
contaminación.
- Compartirla
con justicia: que tanto en comunidades como en ciudades el acceso al
agua limpia sea un derecho, no un privilegio.
- Decidir
juntos: que no sea solo el Estado o las empresas, sino también las
comunidades y organizaciones quienes definan cómo se usa y se cuida.
- Pensar
a largo plazo: que las decisiones de hoy no hipotequen la vida del
mañana.
Un mosaico que se convierte en mapa
El segundo día de la Cumbre mostró que el agua está en todo
y que la gobernanza no es un lujo, es una urgencia. Iquitos se convierte
así en un espacio donde se empieza a trazar un mapa: un mosaico de voces y
experiencias que, si se unen, pueden marcar el rumbo hacia una Amazonía viva,
justa y con agua limpia para todos.
Al concluir la
jornada, alguien dijo una frase que se quedó flotando en el aire como canto de
río:
“Si el agua es vida, el agua tiene vida. Y si tiene vida,
no hay que preguntarse qué es el agua. Solo hay que cuidarla”.
Ese es, quizá, el
mayor aprendizaje de este segundo día: no estamos aquí para teorizar sobre el
agua, sino para reconocerla como compañera de camino y fuente sagrada. Porque
cuando cuidamos el agua, no solo defendemos el futuro: defendemos la vida
misma.
Llamado final
La Cumbre nos recuerda que el agua no es de quien la
explota, sino de quien la cuida. Está en nuestras manos exigir políticas
más justas, vivir prácticas más responsables y transmitir a las nuevas
generaciones una cultura de respeto hacia los ríos. Porque defender el agua
es defender la vida, y cada gota cuidada hoy es una esperanza asegurada
para mañana.
Alberto Vela


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