CUANDO EL CRIMEN GOBIERNA: LA FRASE QUE BUKELE NUNCA DIJO, PERO QUE DEFINE AL PERÚ

Aunque Nayib Bukele no haya dirigido jamás su célebre frase al Perú, ésta parece escrita a fuego para describir nuestra realidad:

“Si un gobierno no puede erradicar el crimen, es porque el crimen ya está dentro del gobierno.”

El presidente salvadoreño, amado por su pueblo y odiado por algunos, pronunció palabras similares al referirse a los gobiernos que pactan con el delito: “Los cómplices de los criminales están en el poder.” Y en el Perú, esa afirmación no suena a teoría: es una radiografía del Estado mismo.

Un país tomado por la extorsión

Basta mirar lo que ocurre hoy en Lima y en todo el país. El paro de transportistas no nace de un capricho sindical ni de una exigencia política. Nace del miedo, del abandono y de la desprotección absoluta frente a un crimen que cobra, amenaza y asesina con más eficiencia que cualquier autoridad.

Mientras los choferes pagan cupos para no ser baleados, los comerciantes entregan “cuotas” por sobrevivir y las familias evitan denunciar por temor a represalias, el Estado se esconde tras conferencias, discursos huecos y una policía sobrepasada.
¿Dónde está el gobierno? ¿Dónde la autoridad?
En contubernio.
Porque la impunidad de las mafias no se sostiene por su fuerza, sino por sus vínculos: políticos, judiciales, policiales y empresariales. El crimen no domina el país desde fuera. Está sentado en Palacio, en el Congreso y en los despachos de los jueces.

Delincuentes con cargo público

Cuando un Estado no gobierna, administran las mafias.
Y el Perú lleva décadas bajo esa administración paralela. Los narcos lavan dinero en campañas electorales. Los congresistas se reparten el botín presupuestal. Las mafias de la construcción, del transporte, de los medicamentos y del oro ilegal operan bajo la mirada cómplice del poder.

Cada uno tiene su cuota: los “honorables” legislan para blindarse; los ministros firman contratos; los jueces archivan expedientes; y los medios callan, esperando el siguiente aviso publicitario.
El crimen, en el Perú, ya no necesita armas: tiene resoluciones, sellos y decretos.

Un Estado deshecho en manos del crimen

El Perú es hoy un país donde el crimen no teme al Estado, porque es el Estado el que le teme al crimen.
Y lo teme porque lo conoce, porque comparte intereses, porque se nutren mutuamente.
No se trata solo de bandas armadas o extorsionadores callejeros. Se trata de un sistema donde el delito es estructural, donde los mismos que legislan se protegen entre sí, donde la corrupción es la herramienta que mantiene el orden político.

Por eso ninguna reforma policial servirá, ningún decreto de emergencia ni operativo de madrugada podrá curar la enfermedad. Porque el mal no está en las calles: está en el poder.

La verdadera inseguridad es la del pueblo abandonado

El pueblo peruano vive hoy una doble inseguridad: la del crimen organizado y la del Estado desorganizado.
El primero mata; el segundo deja morir.
Los barrios populares están bajo el dominio del miedo, mientras la élite política se dedica a blindar funcionarios, traficar con leyes, y garantizar los privilegios de un modelo que solo sirve a los que nunca sufren.

Y cuando el pueblo protesta —como los transportistas, los obreros o los campesinos, la Generación Z—, el gobierno no los escucha: los criminaliza.
Porque para este régimen, el enemigo no es el crimen, sino el ciudadano que se atreve a denunciarlo.

La frase que retrata una tragedia

Bukele no habló del Perú, pero el Perú encarna su advertencia.
Cuando un gobierno no puede —o no quiere— erradicar el crimen, es porque el crimen ya se sienta a la mesa del Consejo de Ministros, legisla desde el Congreso, y firma contratos en nombre de la República.

Esa es la tragedia: no que el crimen haya infiltrado al Estado, sino que el Estado se haya convertido en crimen.

Alberto Vela

Comentarios

  1. Magistral descripción de la cruda realidad Alberto. Espero que lo descrito hoy no s perpetúa más en el tiempo.

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