SI VES QUE UN CANDIDATO GASTA LO QUE NO TIENE, ES SEGURO QUE SU CUENTA LA PAGARÁS TÚ
Con cada campaña electoral aparecen mensajes bien intencionados en la radio y en la televisión. Esos que nos dicen con solemnidad: “Vota informado. Escucha las propuestas. Revisa los antecedentes. Sé responsable.” ¡Qué lindo suena! ¡Qué motivador! Casi dan ganas de aplaudir de pie. Pero luego uno recuerda que está en Loreto, no en Finlandia, y la sonrisa se borra de golpe.
Y uno no puede negar
que la intención es buena. Pero, seamos sinceros: pedirle al ciudadano que haga
todo eso es como exigirle que sea fiscal, periodista y juez a la vez.
¿Quién puede cumplir con semejante tarea? Ni los periodistas locales lo hacen,
muchos de los cuales se alquilan al mejor postor, menos lo va a hacer el padre
de familia que bastante tiene con sobrevivir al día.
El problema es que
aquí, en la selva amazónica, las propuestas nunca se cumplen, los planes
de gobierno son papeles de trámite que nadie lee, los antecedentes de
los candidatos son más turbios que el Itaya en creciente y la verificación es
misión imposible porque la información pública brilla por su ausencia y los
medios están cooptados. Traducido: el mensaje te pide lo mismo que pedirle
a un ciudadano que vaya en peque-peque a la luna con una linterna.
Ya hemos dicho, los
propios periodistas de Loreto que deberían cumplir esa tarea, están más
preocupados por quién les paga la publicidad electoral que por destapar los
chanchullos. Y cuando los organismos electorales son un laberinto burocrático
que ni ellos mismos entienden.
El famoso “voto
informado” termina siendo un sermón bonito pero inútil, porque el ciudadano no
tiene ni expedientes judiciales en la mano, ni bases de datos confiables, ni
medios de comunicación imparciales. Y si encima le decimos que compare planes
de gobierno, peor: todos sabemos que esos papeles no sirven ni para envolver
pescado al día siguiente.
Lo que sí se puede
ver —y no hace falta lupa— es algo mucho más simple: cuando un candidato
gasta lo que no tiene, cuando reparte polos, víveres, brinda desayunos,
almuerzos y cena renovadoras, gasolina, organiza campeonatos, hace caravanas
millonarias y bombardea con propaganda en los medios y grandes carteles en las
calles, está hipotecando su futuro gobierno. No hay misterio: si entra,
entrará endeudado hasta el cuello. Y como buen deudor, lo primero que hará será
pagar. ¿A quién? A sus financistas, a los grupos de poder que pusieron la
plata. Y claro, también a sí mismo, porque el negocio político siempre incluye
ganancia personal. ¿Con qué pagará? Con contratos, presupuestos y recursos
públicos. O sea: con nuestro bolsillo.
Entonces, en lugar
de pedir al elector que se vuelva un detective frustrado, lo que un medio de
comunicación responsable debería decir es mucho más práctico: nosotros te
vamos a ayudar a mirar quién gasta, mirar de dónde sale esa plata y pregúntate
quién la va a devolver. Esa es la verdadera radiografía del candidato, y no
su plan de gobierno que duerme en la imprenta o en los archivos del Jurado
Nacional de Elecciones. Eso sí es voto informado. Lo demás es cuento de hadas.
Pero no nos
engañemos: ni siquiera basta con que cada ciudadano abra los ojos por su
cuenta. Porque un votante solo puede ser engañado; una comunidad organizada
no. Aquí está la clave que los promotores del “voto informado” suelen
olvidar: más que pedir responsabilidad individual, hay que fomentar
organización colectiva.
Organización en
todos los estratos de la sociedad, pero sobre todo en el popular, que es el más
vulnerable y al que más se le bombardea con dádivas y promesas falsas. Porque
solo la organización puede fiscalizar en serio, exigir cuentas, presionar para
que se cumpla lo prometido y poner límites a los abusos del poder.
El voto es
importante, claro que sí. Pero el voto dura un día; la organización dura todo
el periodo de gobierno. El voto deposita poder en las urnas; la organización se
lo recuerda todos los días al elegido.
Así que, queridos
oyentes y lectores: está bien hablar de voto informado, pero no seamos
ingenuos. Si queremos evitar que los candidatos sigan pagando sus cuentas con
nuestro dinero, no basta con escuchar spots de buena voluntad. Lo que hace
falta es organización. Sin ella, el mejor voto termina siendo papel
mojado.
Y ya lo saben: si
ves que un candidato gasta lo que no tiene, no lo dudes, su cuenta la pagarás
tú.
Alberto Vela




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