JUVENTUD EN LAS CALLES, PRENSA EN SILENCIO: EL TRIÁNGULO DE LA TRAICIÓN
En Lima, anteanoche, ocurrió algo que debería estar en todas las portadas de periodicos, en todos los noticieros, en todas las radios. Miles de jóvenes salieron a las calles con una sola consigna: “Fuera Dina, disolución del Congreso”. Era la juventud organizada, con banderas, pancartas, cánticos, y sobre todo con una claridad política que incomoda: ya no creen en el gobierno, no creen en el Congreso, y tampoco creen en la prensa que debería contarlo.
Pero lo que vimos no fue una jornada de diálogo ni de
escucha, fue un retrato brutal de cómo funciona el poder en el Perú. Tres
imágenes lo dicen todo: la multitud, la represión y el silencio.
La multitud que no se pudo ocultar
La primera imagen es la de una ciudad tomada por jóvenes.
Av. Abancay, Nicolás de Piérola, el Centro de Lima repleto de ciudadanos, voces
y banderas. No se trataba de un pequeño grupo de activistas: eran miles, en el
corazón político de la capital.
Y lo más significativo: eran jóvenes, una generación que
creció viendo cómo el Estado les robaba el futuro, y que hoy entiende que su
único poder real está en la calle. Una marea humana imposible de negar,
salvo por quienes viven de negar lo evidente: los medios tradicionales.
La represión que se volvió costumbre
La segunda imagen es un golpe en la cara, literal. Policías
antidisturbios disparando perdigones, un joven auxiliando a una mujer caída,
escudos en bloque ocupando la avenida como muralla. La escena no necesita pie
de foto: es el Estado respondiendo con violencia a la voz de su gente.
En lugar de escuchar, reprime. En lugar de abrir espacios de
diálogo, dispara. En lugar de proteger la vida, prioriza proteger el edificio
del Congreso.
La represión se volvió rutina, una maquinaria engrasada que trata a los ciudadanos
como enemigos internos.
El silencio que grita más fuerte
La tercera imagen es quizá la más poderosa porque desnuda
otra violencia: la del silencio mediático. Ningún canal transmitió en vivo lo
que pasaba en el centro de Lima. Ninguna portada de la mañana siguiente recogió
el clamor juvenil. Y si alguien esperaba titulares sobre jóvenes heridos,
periodistas golpeados o represión desmedida, lo que encontró fueron… páginas
deportivas y farándula.
Es la traición sistemática de una prensa que se arrodilló
al poder. Porque no informar también es tomar partido, y en este caso, el
partido fue claro: proteger al gobierno de Dina Boluarte y al Congreso.
El resultado: la población recurriendo a redes sociales para enterarse de la
verdad, mientras la “gran prensa” se convierte en administradora del silencio.
El triángulo de poder y resistencia
Estas tres imágenes juntas forman un triángulo:
- La
juventud movilizada, que perdió el miedo y que ya no depende de la
prensa oficial para narrar su historia.
- El
Estado represivo, que ha convertido a la Policía en una fuerza de
choque contra ciudadanos desarmados.
- La
prensa cómplice, que renunció a su rol de fiscalizar y prefiere
maquillar, ocultar o distraer.
En medio de ese triángulo está el pueblo, que siente cada
vez más que no tiene instituciones que lo representen.
Reflexión final
Lo que vimos en Lima no es un episodio aislado: es el
síntoma de un país que ha roto la confianza con su propio Estado.
La juventud ya no cree en el gobierno. No cree en el Congreso. Y menos en los
medios que callan. Su refugio son las redes, su fuerza está en la calle.
Y mientras tanto, los medios siguen vendiendo tapas, los
congresistas blindándose y la policía reprimiendo.
La frase que queda resonando después de estas imágenes es
amarga pero inevitable:
👉 “Mientras los jóvenes sangran, la prensa
vende tapas: así se escribe la historia de los encubridores.”
Alberto Vela






Asertada descripción de la realidad Albertito Vela. La descripción de la realidad es Expresion de la decadencia moral, social que vive nuestro país.
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