ISRAEL ACUSA A ESPAÑA DE ANTISEMITA POR DECRETAR EMBARGO DE ARMAS EN SU CONTRA: SIONISMO NO ES JUDAÍSMO

Lo que pasó en España es histórico. Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, hace días anunció un decreto para imponer un embargo de armas a Israel por el genocidio en Gaza. Afirma: que Israel esta exterminando a un pueblo indefenso. España anuncia una serie de medidas para aumentar la presión sobre Benjamín Netanyahu y que ponga fin a la guerra de Gaza. Minutos después, el Gobierno de Netanyahu estalló: acusó a España de “antisemita” y prohibió la entrada a las ministras Yolanda Díaz y Sira Rego.

Lo ocurrido con España y el gobierno de Netanyahu no es un rifirrafe diplomático cualquiera. Es histórico. Por primera vez, un Estado europeo de peso se atreve a romper el pacto de complicidad con Israel y pone sobre la mesa medidas concretas: embargo de armas, cierre de espacio aéreo y marítimo, sanciones diplomáticas y más fondos para la causa palestina. Pedro Sánchez lo dijo sin rodeos: lo que Israel hace en Gaza es exterminar a un pueblo indefenso. Y no exagera. https://apnews.com/article/israel-spain-gaza-war-eu-arms-embargo-8c7a0e606fca0516f46e61abc4204fc3

La reacción de Netanyahu fue tan previsible como reveladora: acusó a España de “antisemita” y, en un gesto de autoritarismo grotesco, prohibió la entrada a dos ministras españolas, Yolanda Díaz y Sira Rego. El libreto es siempre el mismo: quien denuncia el genocidio, es antisemita. Quien corta el flujo de armas, odia a los judíos. Quien exige justicia, es enemigo de Israel.

Pero aquí conviene hacer una pausa. Porque sionismo no es judaísmo. Y es ahí donde el chantaje político de Israel pierde toda legitimidad.

Obra del sionismo, al mismo tiempo una representación de su hundimiento

El truco del antisemitismo

La palabra “antisemitismo” ha sido utilizada como un escudo ideológico para blindar al Estado de Israel hoy en manos del sionismo. Se coloca como cortina de humo para ocultar crímenes de guerra, bombardeos a hospitales, el hambre usada como arma de guerra y la expulsión masiva de un pueblo de su tierra. Pero el truco es fácil de desmontar.

“Semita” no significa “judío”. Semitas son también los árabes, los palestinos, los etíopes. Se trata de un término lingüístico-cultural, no religioso. Decir que criticar al sionismo equivale a odiar a los judíos es una manipulación. Y más aún, cuando quienes sufren las bombas en Gaza son, justamente, también pueblos semitas.

Judíos contra el sionismo

No todos los judíos son sionistas. Ni mucho menos.

·   Están los Neturei Karta, una comunidad ultraortodoxa que considera al sionismo una herejía.

·   Están los intelectuales judíos que han denunciado, desde hace décadas, que Israel se ha convertido en un Estado colonial, militarista y racista: Hannah Arendt, Albert Einstein, Judith Butler.

·  Están miles de jóvenes judíos en Estados Unidos y Europa que se manifiestan en contra de Netanyahu y de la ocupación, con pancartas que dicen: “Not in our name”. “No en nuestro nombre”

El judaísmo es una religión, una tradición, una identidad cultural milenaria. El sionismo, en cambio, es una ideología política nacida en la Europa del siglo XIX, moldeada por el nacionalismo europeo y ejecutada con una lógica de colonización en Palestina.

Netanyahu y el miedo a la grieta en Europa

Lo que duele a Netanyahu no es que Yolanda Díaz no pueda pisar suelo israelí. Lo que le duele es que un gobierno europeo haya roto el consenso de complicidad. Israel necesita, más que bombas, la cobertura política de Occidente. Y España ha abierto una grieta peligrosa: si otros países europeos siguen ese camino, el muro de impunidad empieza a tambalearse.

Por eso Netanyahu reacciona con furia. Por eso su canciller grita “antisemitismo”. Porque saben que cuando se desnuda la mentira, queda expuesto el genocidio televisado que el mundo entero ve cada noche en Gaza.

Lo que está en juego

Lo que está en juego no es una disputa entre dos gobiernos. Lo que se discute es si Europa seguirá siendo cómplice de la masacre, o si tendrá el coraje de cortar el suministro de armas y dinero que alimenta la maquinaria de exterminio. España ha marcado un camino. La pregunta es: ¿quién sigue? Están siguiendo a España, Italia y la misma Unión Europea. Nada menos.

Y aquí conviene recordarlo sin titubeos: criticar al sionismo no es antisemitismo. No es odio al pueblo judío. Es rechazo a un proyecto político que, en nombre de una religión y de un trauma histórico (el Holocausto), ha implantado un régimen colonial que asesina, despoja y hambrea a un verdadero pueblo semita, a otro pueblo semita.

La dignidad no se negocia

Yolanda Díaz lo dijo claro: “Es un orgullo que un Estado que perpetra un genocidio nos prohíba la entrada”. Esa frase no es una bravata política. Es un recordatorio de lo esencial: la dignidad no se negocia con asesinos.

España, con todas sus contradicciones, ha dado un paso que puede marcar época. Porque cada embargo, cada sanción, cada palabra clara rompe el blindaje del relato sionista y abre espacio a la verdad.

Y la verdad es esta: no son los judíos quienes bombardean Gaza. No son los judíos quienes asesinan niños en hospitales. No son los judíos quienes usan el hambre como arma de guerra. Son los sionistas en el poder de Israel, con Netanyahu a la cabeza, quienes perpetran un genocidio que el mundo ya no puede seguir tolerando.

Alberto Vela


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