HOY ARRANCA LA CUMBRE AMAZÓNICA DEL AGUA EN IQUITOS: TRES DÍAS PARA PENSAR EN EL FUTURO DE NUESTROS RÍOS
Hoy en Iquitos empieza algo distinto, algo que no debería pasar desapercibido: la Cumbre Amazónica del Agua (1 al 3 de octubre), un encuentro que nos convoca a reflexionar sobre el presente y el futuro del agua en la cuenca más grande del planeta. Durante tres días, comunidades indígenas y ribereñas, defensores del territorio, iglesias, líderes de organizaciones sociales, científicos y ciudadanos de distintos países vamos a compartir experiencias y levantar la voz por algo que a veces damos por sentado, pero que está en riesgo: el agua que bebemos, el agua que nos sostiene, el agua que nos da vida.
La Amazonía: vital, pero amenazada
La Amazonía aporta cerca del 20% del agua dulce del
planeta. Sus ríos, quebradas y lagos son fuente de vida, alimento, cultura
y espiritualidad. Pero esta vitalidad está siendo golpeada todos los días:
· por la minería ilegal y la producción de
petróleo que contaminan ríos enteros;
· por la deforestación y la expansión agrícola de
monocultivos que destruyen bosques y humedales;
· por las represas que cortan los flujos
naturales;
· y por el cambio climático que amenaza con
llevarnos a un punto de quiebre: pasar de selva tropical a sabana, con
consecuencias devastadoras para la región y el mundo.
En medio de esta crisis, también crece la presión del crimen
organizado, que pone en riesgo a quienes defienden el agua y los territorios.
Durante estos tres días se hablará de todo eso: de las
cosmovisiones amazónicas que entienden al río como un ser vivo; de la ciencia
que nos advierte de su contaminación; de la voz de los pueblos indígenas que
llevan siglos cuidando lo que ahora está en peligro. Habrá reflexiones, habrá
denuncias, habrá propuestas. Y, sobre todo, habrá una gran pregunta que nos
atraviesa a todos: ¿qué tenemos que hacer, desde ya, para que el agua de
nuestros ríos vuelva a ser fuente de vida saludable para humanos y no humanos?
Agua que enferma, agua que salva
En la vida diaria de la Amazonía, el agua lo es todo: allí
la gente se baña, pesca, se divierte, lava, bebe. Pero casi todas esas fuentes
hoy están contaminadas. El aceite y gasolina de millones de motores, los
plásticos, las aguas servidas de las ciudades, los derrames de petróleo y la
actividad minera legal e ilegal, relaves de la producción de drogas, convierten
al río en un riesgo. Y mientras tanto, el 70% de la población amazónica que
ya vive en ciudades sigue sin tener agua potable ni sistemas de saneamiento
dignos. El resultado: las ciudades botan sus desechos al río, y las comunidades
río abajo cargan con la contaminación.
Un espacio para unir voces
El Papa Francisco ha recordado que, aunque somos la única
especie que destruye su propio ambiente, también somos capaces de restaurarlo.
La Cumbre Amazónica del Agua quiere ser justamente eso: un espacio de
encuentro, de resiliencia y de compromiso. Aquí se presentarán casos
emblemáticos de contaminación y resistencia, se compartirán experiencias de
cuidado del agua y se buscará fortalecer una red amazónica que haga visible la problemática
del agua en voz propia.
Este esfuerzo es posible gracias al Vicariato Apostólico
de Iquitos, junto con el CAAAP, el CELAM, la REPAM y la Red Iglesias y
Minería, con el apoyo de organizaciones como Adveniat, Porticus,
Misereor y WCS.
Que el río vuelva a ser fuente de vida
La Cumbre no es un evento más en la agenda. Es un llamado
urgente: no hay vida sin agua limpia. Si el río se enferma, nosotros
también nos enfermamos; y si el río muere, con él morimos todos.
Durante estos tres días en Iquitos vamos a pensar juntos
cómo devolverle al río su papel de fuente de vida saludable: para las
comunidades que dependen de él, para los animales que lo habitan, para el clima
que regula, para las futuras generaciones.
Hoy arranca esta reflexión. Hoy se abre este compromiso. Que
la voz de la Amazonía sea escuchada y que el agua vuelva a ser vida.
👉 Te invitamos a seguir,
compartir y participar en esta Cumbre. Porque
cuidar el río es cuidarnos a nosotros mismos.
Alberto Vela





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