HACIA UN VERDADERO CIERRE DE BRECHAS: PROPUESTAS PARA ROMPER EL CÍRCULO VICIOSO
El concepto de “cierre de brechas” en el Perú se ha repetido hasta el cansancio en discursos oficiales, planes de gobierno y presupuestos públicos. Pero, como advierte con crudeza el Ing. José Antonio Mansen Bellina, el corazón del problema no está en la falta de recursos, sino en la corrupción estructural y la ineficiencia de la gestión pública. Las cifras son un baldazo de realidad: más de 2,500 obras paralizadas, con un costo superior a S/ 43 mil millones, son la radiografía de un Estado que gasta, pero no transforma. Roba.
Hospitales inconclusos, colegios abandonados, carreteras oxidadas y sistemas de agua potable que nunca funcionaron son el símbolo de un modelo atrapado en expedientes técnicos deficientes, arbitrajes interminables y gobiernos locales y regionales sin cuadros técnicos ni meritocracia. La descentralización, que debía acercar la gestión a los pueblos, se convirtió en una trampa que reproduce corrupción y clientelismo en lugar de soluciones.
El resultado es un círculo vicioso: recursos que se
evaporan, servicios básicos que nunca llegan y comunidades condenadas a seguir
esperando mientras aumenta la desconfianza hacia el Estado. En regiones como Loreto,
la situación es aún más crítica, con municipalidades que exigen
“apalancamientos” del fideicomiso indígena sin planes de desarrollo
territorial, en la práctica un botín adelantado disfrazado de inversión
social.
Ante este panorama, urge pasar del diagnóstico a la acción. Cerrar
brechas no significa gastar más, sino gastar bien: con meritocracia,
transparencia, planificación territorial y una lucha frontal contra la
corrupción. De eso se trata este artículo: de propuestas concretas para
romper el círculo vicioso y transformar los recursos en lo que siempre
debieron ser: bienestar y dignidad para todos los peruanos.
PROPUESTAS PARA ROMPER EL CÍRCULO VICIOSO
El diagnóstico es claro: el problema del Perú no es de
dinero, sino de gestión y corrupción estructural. Entonces, ¿cómo pasar del
espejismo a la construcción real de un Estado que transforme recursos en
bienestar? La respuesta no es simple, pero exige voluntad política y reformas profundas.
A continuación, delineamos un camino posible.
1. Una meritocracia inquebrantable en la gestión pública
Como lo señala el Ing. Mansen, el corazón del fracaso está
en quién y cómo se gestiona el Estado. No puede haber cierre de brechas con
burócratas puestos por favores políticos ni improvisados que llegan a aprender o
no les importa en el cargo.
· Servicio civil obligatorio y
profesionalizado: todos los puestos clave en gobiernos regionales y locales
deben estar bajo un régimen meritocrático administrado por SERVIR u otro
organismo autónomo. El que no cumple estándares técnicos, no entra.
· Protección frente al clientelismo: los
funcionarios capacitados no pueden ser removidos por cada cambio de alcalde o
gobernador. La estabilidad debe ser de la gestión, no del padrino político.
· Carrera pública atractiva: salarios
justos, capacitación continua y evaluación de desempeño que premie al buen
gestor y expulse al incompetente.
2. Un sistema anticorrupción que asfixie al saqueo
La corrupción no se combate con discursos, sino con
mecanismos duros.
· Transparencia radical: todos los
contratos, obras, gastos y consultorías deben estar en línea en tiempo real,
accesibles y auditables por cualquier ciudadano.
· Fiscalización social obligatoria: cada
obra pública debe contar con comités de vigilancia ciudadana con capacidad de
veto o denuncia directa ante la Contraloría.
· Sanción ejemplar: cadena perpetua y
muerte civil para funcionarios y empresarios involucrados en corrupción en
infraestructura básica (salud, agua, educación).
3. Planificación territorial y no proyectos sueltos
El “cierre de brechas” no puede seguir siendo una lista de
proyectos inconexos. Se requiere visión estratégica.
· Planes de desarrollo territorial
obligatorios: ningún sol del Estado debería gastarse sin estar enmarcado en
un plan integral de desarrollo provincial o regional.
· Priorizar impacto social real: primero
agua, salud, educación y conectividad básica, después megaproyectos. El
desarrollo empieza por lo fundamental.
· Coherencia nacional-local: los planes
regionales deben articularse con metas nacionales de largo plazo, evitando
duplicidades y caprichos políticos.
4. Inversión productiva como motor del cierre de brechas
Cerrar brechas no es solo construir colegios u hospitales,
también es generar riqueza local.
· Fondos de inversión productiva: parte de
los recursos de canon, fideicomisos o regalías debe destinarse a
infraestructura productiva (carreteras rurales, electrificación, riego, puertos
fluviales en Loreto).
· Articulación con la economía real: la
inversión debe conectar a productores con mercados, no quedarse en obras vacías
sin uso.
· Capacitación y tecnología: programas para
fortalecer capacidades productivas locales, desde agricultores hasta pequeños
emprendedores.
5. El caso Loreto: blindar el fideicomiso indígena
Loreto es hoy la muestra más peligrosa del desvío de fondos
en nombre del “cierre de brechas”. El
fideicomiso indígena no debe convertirse en caja chica municipal.
· Uso condicionado y planificado: ningún
adelanto de recursos sin un plan de desarrollo territorial consensuado con
comunidades indígenas.
· Gobernanza compartida: el fideicomiso
debe ser administrado con participación real de las comunidades, técnicos
independientes y el Estado.
· Proyectos estructurales: agua potable,
escuelas, centros de salud, transporte
fluvial seguro. Nada de clientelismo disfrazado de obra.
6. Recuperar la confianza ciudadana
El círculo vicioso se rompe solo si la población ve
resultados concretos.
· Metas visibles y medibles: cada gobierno
debe comprometerse con indicadores claros (ejemplo: “X mil familias con agua
potable en 3 años”) y rendir cuentas públicas.
· Participación directa: la ciudadanía no
debe ser espectadora, sino co-gestora. Las comunidades deben fiscalizar y
priorizar obras.
· Educación cívica: construir ciudadanía
crítica que no se conforme con migajas y exija calidad de servicios.
Conclusión: pasar de la denuncia a la reconstrucción
El “cierre de brechas” en el Perú no necesita más slogans,
necesita una revolución en la forma de gestionar el Estado. Una
meritocracia blindada contra el clientelismo, una anticorrupción implacable,
una planificación territorial seria y un compromiso real con la inversión
productiva y social.
Si no se cambia el sistema de raíz, seguiremos alimentando
el espejismo: más dinero, más promesas, más obras paralizadas. Pero si se tiene
el coraje de hacerlo, entonces sí podremos decir que los recursos del país, por
fin, se convierten en dignidad y bienestar para todos.
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| Ing, José A. Mansen B. |
Alberto Vela







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