LA OPINIÓN DE LOS LECTORES: CUANDO LOS CIUDADANOS DESNUDAN EL NEGOCIADO DEL HOSPITAL REGIONAL

Dicen que la sabiduría está en el pueblo, y vaya que nuestros lectores lo confirmaron. Tras nuestra entrega “El apuro de los bribones: cuando la obra importa menos que la coima”, la indignación no tardó en traducirse en comentarios que son más radiografía que opinión. Si alguien todavía tenía dudas de que este hospital es un negociado con disfraz sanitario, basta escuchar lo que ya se comenta a viva voz en todo Iquitos.

“¿Y dónde están los congresistas? Dónde están Jorge Morante y Ana Zegarra. Especialmente estos dos.”
En Loreto tenemos representantes de lujo. Sí, de lujo… porque cuestan millones al erario, pero no sirven para nada. Ahí están Jorge Morante y Ana Zegarra, que ya pasaron a la historia como los guardianes del silencio, los congresistas de la nada, esa nada tan grande como la distancia entre Iquitos y la fiscalización que nunca hacen.

Morante, antes disfrazado de fujimorista, ahora ha dado un salto olímpico hacia Somos Perú, el partido de René Chávez. Seguro que no fue por convicción, claro, sino por conveniencia: allá donde haya caja, allá va Jorge. En el Congreso se vendía como “defensor de Loreto”, pero la única defensa que practica con pasión es la de los intereses del caudillo regional. Su voto, como su camiseta, cambia según el menú del día.

Ana Zegarra, por su parte, es el ejemplo perfecto de la decadencia política peruana: tres sentencias judiciales a cuestas y aun así congresista. No se sabe si su experiencia en falsificación de documentos fue la que le dio puntos para ser vocera de Somos Perú, pero lo cierto es que ha encontrado su vocación: ser la corista de René Chávez en Lima. Cuando Loreto necesita voces firmes, Zegarra aplica la ley del silencio. Cuando se trata de blindar al patrón, ahí sí levanta la mano.

Morante y Zegarra: Ahí están, lanzando sus candidatura por Somos Perú 

¿Y qué hacen mientras tanto? Nada. Absolutamente nada. No fiscalizar es ser cómplice, y ellos lo saben. Ahí estuvo el escándalo de la ley de amnistía disfrazada de reconciliación nacional: Morante votó a favor, Zegarra calló. Cuando el Congreso blindó a congresistas corruptos, ¿quiénes se sumaron al coro del mutismo? Exacto: nuestros campeones.

Mientras tanto, el Hospital Regional de Loreto se convierte en el botín más jugoso de la gestión Chávez. Se bajan los requisitos para postores —de 550 millones a 494 millones de experiencia— y ahora basta con haber construido una posta médica para levantar un hospital de Nivel III. Una estafa en cámara lenta. Y nuestros congresistas, ¿qué hacen? Pues eso: se hacen los muertos.

“Los funcionarios del GOREL están bien asesorados en términos administrativos… esos hdps saben que solo recibirán sanciones administrativas.”
Verdad pura: aquí nadie improvisa. Tienen abogados que convierten delitos en faltas leves, coimas en simples “errores de procedimiento” y saqueos en “observaciones subsanables”. Es un blindaje jurídico a la medida de los bolsillos. El mensaje es claro: “roba tranquilo, que lo peor que te puede pasar es una sanción administrativa”.

“Esta banda de delincuentes no va a parar hasta adjudicar… luego vendrán los adelantos de materiales y mano de obra.”

La gente ya conoce la partitura. El verdadero negocio no es el hospital terminado (que probablemente quedará a medio hacer, como tantos otros), sino los adelantos. El banquete está en el dinero fresco que se libera apenas se adjudica. ¿Después? Ya veremos si ponen un ladrillo o una maqueta de yeso para la foto.

“Nos quieren dar gato por liebre… bajaron la experiencia del postor de 550 millones a 494 millones… y basta que haya hecho una posta médica para construir un hospital de Nivel III.”
Este es el hallazgo más escandaloso. No hablamos de un simple rumor: es un detalle técnico que huele a direccionamiento. En cristiano: redujeron requisitos para que cierto postor pueda calzar como cenicienta con zapatilla de vidrio. Hoy, un contratista que levantó una posta de madera en el monte ya está calificado para levantar un hospital de nivel terciario. Si eso no es gato por liebre, es porque el gato ya se disfrazó de tigre.

“Se debe ALERTAR a la población… miren nomás el Hospital Iquitos.”
La memoria colectiva no perdona. Todos recuerdan el fiasco del Hospital Iquitos: millones enterrados, promesas infladas y un edificio que no resolvió nada. Hoy, el guion se repite con más ceros y más cómplices. La diferencia es que ahora la gente está mirando con lupa y gritando antes de que sea demasiado tarde.

El gran telón de fondo

Los lectores lo tienen clarísimo: la gestión de René Chávez quiere saquear con apuro antes de que se les caiga el tinglado. Y no están solos: congresistas mudos, instituciones de control anestesiadas, prensa comprada, dirigentes domesticados, todos alineados en el pacto de silencio.

La pregunta ya no es si la obra es necesaria —claro que lo es—, sino por qué pretenden convertir el “Mejoramiento y Ampliación de los Servicios de Salud Especializados del Hospital Regional de Loreto Felipe Arriola Iglesias” en el negocio más obsceno del año.

Hospital Regional de Loreto, el negocio más obceno del año

Cierre sarcástico

Si algo ha quedado demostrado con este coro de voces ciudadanas, es que el pueblo ya no necesita expertos para saber cómo se cocina la trampa: lo huele, lo reconoce y lo denuncia. Ahora falta que lo grite en las calles, porque si seguimos callando, mañana no tendremos hospital, pero sí otro monumento millonario al descaro.

Así que tranquilos, ciudadanos: no desesperen. Nuestro hospital regional viene en camino… o al menos la coima ya está asegurada. Jorge Morante, Ana Zegarra, Rosío Torres y Juan Carlos Mori seguirán haciéndose los turistas, la Contraloría seguirá practicando yoga mirando al techo, la Fiscalía se quedará de brazos cruzados, y René Chávez cortará cintas con sonrisa de póker para la prensa comprada. Al final, tal vez no tengamos hospital de Nivel III, pero sí un nuevo monumento a la estafa.

En resumen: que no nos vendan gato por liebre, porque aquí ya sabemos quiénes son los gatos, quiénes los ratones y, sobre todo, quiénes están repartiendo el queso.

Alberto Vela

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