EL CARTEL DE LOS SOLES: LA SERIE DE NETFLIX QUE WASHINGTON NUNCA SE CANSARÁ DE REPETIR
La acusación contra Venezuela de ser un “narcoestado” bajo el llamado Cartel de los Soles ha circulado durante más de una década en informes de agencias estadounidenses, columnas de opinión, discursos presidenciales y titulares de medios internacionales. Desde Washington hasta Madrid, pasando por París o Berlín, el relato se repite como eco bien orquestado: más que periodismo o investigación, es propaganda alineada con una agenda geopolítica.
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| Resulta que el barco fue una chalupa del Tren de Aragua. ¿En qué quedamos? |
Lo grave no es solo la insistencia en una narrativa sin
pruebas sólidas, sino que se use como plataforma para justificar bloqueos,
sanciones, despojos de activos y hasta preparar el terreno de una intervención
militar. Lo dijo Pam Bondi en Fox News, lo repiten medios europeos y lo avalan
políticos serviles en América Latina. Pero cuando se revisa a fondo, la
acusación se derrumba.
La fábula del Cartel de los Soles
El Cartel de los Soles es presentado como una red de
militares venezolanos que supuestamente controlan el narcotráfico en la región.
Sin embargo, la evidencia real muestra que los grandes corredores de cocaína
siguen estando en Colombia, país históricamente financiado y blindado por
Estados Unidos bajo el Plan Colombia. ¿Cómo es que el mayor productor
mundial de cocaína aparece como “socio confiable” en la lucha antidrogas,
mientras Venezuela —que no produce cocaína— es demonizada como narcoestado?
La respuesta es política, no criminal. La etiqueta de narcoestado
ha sido un arma usada antes: contra Panamá en los 80, contra Nicaragua en los
80–90, y hoy contra Venezuela. Siempre el mismo libreto: fabricar un enemigo
absoluto para justificar lo injustificable.
Petro revienta la farsa
Aquí es donde la posición de Gustavo Petro dinamita el guion
de Washington. El presidente colombiano afirmó con claridad que el
narcotráfico no es un fenómeno de las selvas del Orinoco ni del Putumayo, sino
de los mercados globales que lo demandan y de los bancos que lo lavan. Los
campesinos cocaleros, los barrios pobres de Caracas o Medellín, son apenas el
eslabón más débil de una cadena que culmina en Wall Street, Miami, Londres o
Zúrich, donde se blanquean miles de millones de dólares del narcotráfico
cada año.
Petro incluso comparó la acusación contra Venezuela con la
farsa de las “armas de destrucción masiva” en Irak: un pretexto
narrativo de guerra fabricado en Washington para legitimar sanciones, bloqueos
y hasta una eventual invasión.
👉 Traducción política: la
narrativa no busca combatir drogas, sino justificar control geopolítico sobre
Venezuela y su petróleo.
La verdadera “Junta del Narcotráfico”
Petro fue más allá al identificar que el narcotráfico no
opera como carteles aislados ni capos sueltos, sino como una junta
transnacional compuesta por:
· Familias poderosas de la oligarquía tradicional
colombiana.
· Políticos liberales cómplices.
· Grupos armados como Iván Mordisco (disidencias
de las FARC), Clan del Golfo y la Segunda Marquetalia.
· Una red de fiscales corruptos, bautizada por
Petro como el “Cartel de Narcos Fiscales”.
· Mafias albanesas e italianas conectadas al
sistema financiero europeo.
👉 En otras palabras,
describe una estructura de crimen organizado transnacional que opera con
la connivencia de Estados Unidos y Europa.
Citgo: el botín disfrazado de sanción
El despojo de Citgo, filial de PDVSA en Estados Unidos,
confirma que el discurso del narcoestado fue solo el lubricante moral de
un saqueo. Bajo el pretexto de sancionar a un régimen corrupto y
narcotraficante, Washington congeló y luego transfirió el control de una de las
principales refinerías venezolanas a opositores alineados y corporaciones
estadounidenses. Un robo disfrazado de “medida democrática”.
La derecha venezolana: la quinta columna
No sorprende que figuras como María Corina Machado avalen
sin titubeos esta narrativa. Al pedir sanciones e incluso intervención militar,
aceptan ser la plataforma local de la injerencia extranjera. Su cálculo es
claro: con la caída del chavismo, ellos serán los administradores de un país
reducido a colonia energética.
Conclusión Lo de dictadura vs. democracia y lo del narcoestado son dos caras de la misma estrategia de demonización. El objetivo no es la libertad ni la moral pública, sino el control del petróleo, el oro y el gas de Venezuela. Petro lo ha desenmascarado con valentía: el narcotráfico está incrustado en las élites financieras y políticas globales, no en los pobres de las selvas.
El Cartel de los Soles es, en realidad, una
mentira para incautos. Un relato de guerra diseñado en Washington,
amplificado en Europa y repetido por la derecha latinoamericana para preparar
la opinión pública a favor de sanciones, bloqueos y agresiones. La verdadera
red criminal está en los bancos, en las élites y en las cancillerías que
disfrazan saqueo con discursos democráticos.
Y no sería tan descabellado: ¿Solo el narcotráfico
salvará a Estados Unidos?.
Esa es la gran hipocresía: EE.UU. no combate el
narcotráfico, lo administra. Permite que la droga circule mientras alimenta
su economía financiera y su aparato de control geopolítico. La etiqueta “Cartel
de los Soles” sirve de cortina de humo para encubrir a los verdaderos capos:
banqueros, fondos de inversión, lobbies políticos y servicios de inteligencia
que deciden quién sube, quién cae y quién paga el costo.
Los bancos de Wall Street y las grandes financieras han
lavado durante décadas miles de millones de dólares del negocio, convirtiéndolo
en oxígeno puro para su sistema financiero en crisis. Cada dólar de cocaína que
entra por Miami o Nueva York es reciclado como “capital legítimo” para sostener
bancos quebrados, inmobiliarias fantasmas y hasta campañas políticas.
Entonces, mientras nos venden el cuento de que el enemigo
está en las selvas del Orinoco o en Caracas, la verdad es que el narco es
parte constitutiva del capitalismo gringo y europeo. No lo quieren
destruir: lo necesitan.
Al final, la verdad
es tan grotesca como obvia: los únicos soles que preocupan a Estados
Unidos no son los de un supuesto cartel, sino los que brillan sobre los
pozos petroleros de Venezuela. La pregunta es cuándo los pueblos
del sur se atreverán a señalar con nombre propio a la junta del narcotráfico
global que se esconde en el norte.
Porque la verdadera guerra no es contra la droga, es contra los pueblos. Y el verdadero Cartel de los Soles no está en Caracas: está en Wall Street. 💵 Donde cada dólar de cocaína se lava como “capital legítimo”.
Alberto Vela


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