DE ENERO A FEBRERO: EL ETERNO DEPORTE DE CAMBIARLE LA FECHA A IQUITOS

Ahí están las fotos: el alcalde sonriente con sus admiradoras y un auditorio atento frente a la gran revelación del foro histórico. El anuncio es solemne: Iquitos ya no se fundó el 5 de enero, sino el 26 de febrero de 1864. Una corrección trascendental, nos dicen. En otras palabras: lo único que hicimos fue mover la fecha en el calendario y vestirla de “consenso histórico”.

¿De verdad alguien cree que la identidad de una ciudad como Iquitos se resuelve cambiando enero por febrero? El foro nos ofrece la misma receta de siempre: “estudios exhaustivos”, “especialistas”, “verdad definitiva”. Y sin embargo, seguimos atrapados en lo mismo: una historia reducida a una efeméride, un acto oficial para la foto, mientras la riqueza de nuestros orígenes —indígenas, misionales, caucheros, comerciales— queda invisibilizada.

Iquitos no necesita otro juego de sillitas musicales con las fechas, sino una memoria inclusiva y viva. De ahí la propuesta que vale mucho más que cualquier foro solemne: una Semana de los Orígenes de Iquitos, donde celebremos todos los hitos que realmente nos hicieron ciudad. Porque solo así podremos dejar atrás la comedia de las fechas y empezar a construir una identidad que nos una, no que nos divida entre enero y febrero.

La tragicomedia de la “fundación” de Iquitos

Ya no es el 5 de enero. Ahora, con bombos, platillos y hasta “exhaustivos estudios técnicos e históricos”, nos anuncian que la fecha “legítima” de Iquitos será el 26 de febrero de 1864, cuando, según el nuevo consenso, se estableció el puerto fluvial sobre el Amazonas. ¡Aleluya! Hemos cambiado la verdad, o mejor dicho, la hemos mudado de mes: de enero a febrero. Como si con mover la fecha treinta y tantos días adelante por fin resolviéramos el enredo de más de siglo y medio.

Este “descubrimiento” no hace más que confirmar lo que desde hace tiempo venimos repitiendo: en Iquitos no debatimos nuestra historia, jugamos a las escondidas con ella. Lo de la fundación nunca se resolvió porque no hay tal acto fundacional. Y ahora, en vez de reconocerlo, nos venden otra verdad oficial, tan frágil como la anterior, que lo único que logra es engordar la lista de detractores y abrir un nuevo frente de disputa.

El libreto es siempre el mismo: especialistas, documentos, actas, acuerdos solemnes… Y al final, lo único que cambia es la fecha en el calendario. Antes el 5 de enero, ahora el 26 de febrero. Mañana quizá sea marzo. Porque cuando se confunde la historia con una tómbola de fechas, la “memoria colectiva” se convierte en un sainete de egos académicos y políticos.

Mientras tanto, lo que de verdad merece atención —la complejidad de los orígenes de Iquitos— sigue siendo arrinconado. Porque la ciudad no nació de un decreto, un barco o un puerto. Fue el resultado de múltiples procesos: los pueblos indígenas que habitaron estas tierras desde siempre; las misiones jesuitas que sembraron las primeras formas de asentamiento; el auge del caucho que explotó riquezas y vidas; el puerto que se consolidó como puerta de entrada y salida de la Amazonía. Cada uno de estos hitos es parte inseparable del rompecabezas que llamamos Iquitos.

Una Semana de los Orígenes de Iquitos.

Por eso, la salida no está en seguir parchando con nuevas fechas “oficiales”, sino en atrevernos a cambiar el juego. En vez de batallas inútiles por el día exacto, propongamos una Semana de los Orígenes de Iquitos. Una celebración que incluya todos los momentos y actores que moldearon esta ciudad: indígenas, caucheros, comerciantes, migrantes, misioneros, navegantes. Un relato plural, más rico y atractivo que la obsesión enfermiza por un único día.

¿Se imaginan el impacto cultural y turístico de una semana entera dedicada a nuestra historia viva, en vez de un feriado desabrido atado a un acta? En vez de disputas bizantinas sobre si el origen fue en enero o febrero, podríamos mostrarle al mundo que Iquitos es una ciudad hecha de muchas raíces y que su fuerza está en esa diversidad.

En conclusión: la fecha ha cambiado, pero la intrascendencia sigue siendo la misma. Y si no nos animamos a romper este círculo vicioso, dentro de unos años estaremos otra vez, muy orondos, corrigiendo que en realidad no era febrero, sino abril.

Iquitos no necesita una fecha que sirva de excusa para el ego local. Necesita una memoria inclusiva que nos recuerde de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Y para eso, nada mejor que una Semana de los Orígenes.

Alberto Vela

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