CUANDO LA PRENSA TAMBIÉN SE VENDE: EL TERCER ESLABÓN DEL ENCUBRIMIENTO

El testimonio de un tío que no se calla

Gastón García Pizango, tío de la joven abusada desde los 11 años, lo dijo sin rodeos: los medios locales callaron su denuncia porque no hubo dinero de por medio. Su frase es demoledora:
“Ningún medio de comunicación va a exponer algo que atente contra el gobernador y sus intereses, porque todos cobran del Gobierno Regional”.

Ese silencio no es inocente. Es parte de un sistema que decide qué casos se visibilizan y cuáles se entierran.

La manipulación mediática en Iquitos

Mientras el caso de la adolescente de 16 años ocupa portadas, entrevistas y programas en Facebook y TikTok, la denuncia contra el esposo de la gerente de logística del GOREL fue prácticamente borrada del mapa mediático.
No se trata de que uno sea más grave que el otro. Los dos lo son.
La diferencia es que en el segundo caso el acusado está directamente vinculado a una funcionaria cercana al gobernador de Loreto. Y allí la prensa local, amarrada a la publicidad estatal, prefiere mirar para otro lado.

Tres actores, una misma impunidad

1. El poder político: protege a los suyos, ya sea por vínculos familiares o por lealtades internas.

2. El sistema judicial: fiscales y jueces débiles o complacientes, que dictan medidas leves o dejan huecos procesales.

3. La prensa local: que calla, minimiza o desaparece denuncias cuando tocan al círculo del poder regional.

Los tres forman un triángulo perverso que convierte a las víctimas en invisibles y a los acusados en intocables.

¿Qué queda para las víctimas y sus familias?

Solo la exposición pública en redes sociales, el coraje de seguir denunciando y la valentía de decir nombres, como lo hace Gastón García Pizango. Pero esa vía también los expone a amenazas, cartas notariales, difamación y presión psicológica.

El caso invisible: una víctima desde los 11 años

La denuncia de Gastón García Pizango, tío de la víctima, expone un hecho aterrador: su sobrina fue abusada desde los 11 años por el esposo de Jeanette Asio, gerente de logística del GOREL y mano derecha del gobernador de Loreto.

“Cuando existen contactos y amigos en el poder judicial, siempre la víctima perderá. Nuestras hijas siempre serán blanco fácil de los enfermos mentales”, denunció García en redes sociales.

Sin embargo, hasta hoy, la Fiscalía y la Policía no han actuado con la celeridad que amerita un caso de esta magnitud:

·  No se ha solicitado prisión preventiva contra el acusado.

·  La única medida dictada fue un simple “distanciamiento”, insuficiente y ofensivo ante la gravedad de los hechos.

·  La investigación avanza con una lentitud que roza la negligencia.

En la práctica, el acusado sigue libre, caminando por las calles de Iquitos.

El problema central, sin embargo, no está solo en la prensa, sino en las instituciones llamadas a garantizar justicia: la Fiscalía y la PolicíaSu pasividad en el caso de la sobrina de García Pizango es un mensaje peligroso.

El papel de la prensa local

La respuesta de Gastón García Pizango es clara: la prensa no habló del caso de su sobrina porque no hubo dinero de por medio.

“Cuando yo hice la denuncia, ningún medio quiso exponerla porque todos cobran del Gobierno Regional. Inclusive un periodista me dijo: ‘si no hay plata, no puedo sacar nada’. Así de simple”, declaró.

El silencio mediático, alimentado por la publicidad estatal, se convierte en cómplice de la impunidad.

Reflexión final

En Loreto ya no hablamos solo de corrupción política ni de encubrimiento judicial: hablamos también de una prensa alquilada, que con su silencio es cómplice del dolor de las víctimas.

El caso de la adolescente de 16 años y el de la joven abusada desde los 11 muestran un mismo patrón: si los agresores tienen vínculos con el poder, la justicia se frena, la prensa calla y las víctimas quedan solas.

Y en esa soledad se resume la frase más dura que hoy se escucha en Iquitos:
Aquí, si hay plata, no solo encubren corruptos y violadores. También compran silencios.

Alberto Vela

Comentarios

  1. Otra evidencia de la decadencia moral/social en su máxima expresión. Sojusgamiento por poder del cargo a donde llegan con dinero mal habido para actuar con impunidad.

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