“CRITICAR GENOCIDAS NO ES ANTISEMITISMO; ES DEFENDER A UN PUEBLO SEMITA”

¿Lo entiendes? No, espera: lee otra vez.
Criticar a quien bombardea hospitales no es un pecado de lengua: es un imperativo moral. Y si necesitas un manual de uso de las palabras, empecemos por lo básico que algunos parecen pasar por alto mientras repiten el disco rayado de la “acusación instantánea”.

La palabra “semita” no es un distintivo mágico que pertenece a un solo pueblo. Es un término lingüístico-cultural: hebreo, árabe, arameo, etíope… todos caben en la familia de lenguas semíticas. Es decir: los palestinos son semitas tanto como muchos judíos lo son. No es opinión; es clasificación lingüística e histórico-cultural. Encyclopedia Britannica

Ahora la confusión que algunos presentan como “lógica”: sionismo ≠ judaísmo. El sionismo es una ideología política moderna —un nacionalismo creado en Europa en el siglo XIX para fundar un Estado judío—, no la suma de todas las experiencias religiosas, culturales o personales del pueblo judío. Que haya judíos sionistas no convierte al judaísmo en sinónimo del sionismo. Encyclopedia Britannica

Siguiente acto en la farsa: cuando alguien dice “Israel comete crímenes graves” —y lo documentan ONG y expertos— aparece la alarma: “¡antisemitismo!”. ¿Resultado? Silencio, desvío y víctima invertida. ¿Quién se beneficia del cambio de tema? Exacto: quienes cometen o justifican la violencia. ¿Te suena a estrategia? Claro que sí.

Un punto que deslumbra por su simplicidad: hay judíos que se oponen al sionismo. No son una nota al pie; son voces con peso moral e histórico que desmontan la equación automática “crítica = odio a los judíos”. Organizaciones y corrientes judías han dicho claramente que oponerse al proyecto político del sionismo no significa odiar a los judíos; significa cuestionar una política que expulsó y despojó a pueblos enteros. JVP

Ahora, vayamos a lo que no es retórica: informes y análisis de derechos humanos han concluido —con distintos matices, procedimientos y debates legales— que el patrón de actuación en Gaza cumple criterios que merecen investigación por crímenes graves e incluso por genocidio, según expertos y organizaciones internacionales. No lo digo yo desde el bar; lo dicen informes que han documentado ataques indiscriminados, desplazamientos forzados masivos y uso del hambre como arma. Quejarse por esto no es “odio”, es sentido común legal y humanitario. Human Rights WatchNaciones Unidas

Así que la lógica forzada del “si criticaste, eres antisemita” queda reducida a un mecanismo de defensa: una cortina de humo que vacía la palabra antisemitismo de su fuerza real —la que sirve para señalar racismo y violencia contra judíos— y la convierte en escudo de impunidad. El abuso del concepto es político, no semántico: es un candado para que no se abra la caja negra donde están las bombas, los bloqueos y las excusas.

Permíteme ponerlo con ironía para que remuerda:
— “¡Alto! Criticar que maten a niños es antisemitismo.”
— “Interesante. ¿Y entonces a quién llamamos para defender a los niños: al diccionario?”

La moral no se protege etiquetando a quien exige justicia. Si el argumento para cerrar la boca es “porque hablar es antisemitismo”, entonces hemos sustituido la ética por un comodín retórico. Y los comodines sirven para jugar, no para juzgar crímenes.

¿Quieres algo demoledor y directo para redes o pancartas? Aquí tienes frases que condensan el razonamiento —sin faltar al respeto a comunidades judías— y que dejan la cantaleta sin argumentos:

·  “Criticar genocidas no es antisemitismo: es defender a un pueblo semita.”

·  “Si llamar a la matanza por su nombre es 'antisemitismo', la palabra ya no sirve para nada.”

·  “No confundas crítica a una política con odio a una religión: el sionismo es un proyecto político, no la voz de todos los judíos.”

·  “Usar ‘antisemitismo’ como escudo es tapar bombas con palabras.”

Un último punto para la conciencia: el derecho internacional define genocidio con criterios muy exigentes —se necesita demostrar intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso— y ese marco es el que obliga a la comunidad internacional a actuar y a no dejar que el lenguaje se convierta en anestesia moral. No se trata de caza de brujas; se trata de exigir que las palabras que usamos en serio, se usen en serio.

“Criticar genocidas no es antisemitismo, es defender a un pueblo semita”

Alberto Vela

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