El patrón histórico de la propaganda política estadounidense: amenazas y calumnias inventadas y fans tropicales que aplauden desde la grada

Les confieso algo, yo siempre pensé que los gringos tenían suficiente con sus problemas internos: tiroteos masivos cada semana, un sistema de salud que arruina familias enteras, enormes deudas para estudios universitarios, cárceles privatizadas que parecen fábricas de esclavos modernos, y políticos que venden hasta el aire que respiran a las corporaciones. Pero no, señor. Resulta que el pasatiempo favorito de Estados Unidos no es arreglar su propia casa, sino inventarse monstruos internacionales para después salir a cazarlos como si fueran los héroes del planeta.

Hoy le tocó otra vez a Venezuela, ese país que parece haber nacido para ser usado como saco de arena propagandístico. ¿La novedad? Washington ahora insiste en que Maduro no solo es un dictador, no solo un opresor, no solo un villano de caricatura, sino que además lidera el “Cartel de los Soles”. ¡Caray! A ese ritmo, dentro de poco nos dirán que Maduro también es reptiliano, aliado de extraterrestres y responsable del calentamiento global.

Y ahí entra la maquinaria propagandística. ¿Quién se presta de altavoz? Pues el megáfono preferido de la derecha gringa: Fox News. Ese canal que no informa, sino que sermonea, que no debate, sino que grita. Y claro, aparecen personajes como la rubia Pam Bondi, toda una especialista en transformar rumores, chismes y “fuentes anónimas” en verdades reveladas, a punta de repetirlos con cara seria en televisión. Ella es la que ahora anda diciendo que Venezuela es básicamente un narco-Estado dirigido por Maduro en bata de laboratorio, mezclando cocaína en una licuadora mientras ríe malévolamente.

En Estados Unidos eso vende. Pero aquí viene lo interesante: en Iquitos nadie prende Fox News en su televisor, ¡ni siquiera saben en qué canal está! Aquí no llega esa basura en directo. Pero ¿cómo aparece Pam Bondi en nuestras vidas? Pues a través de redes sociales, cortecitos de 30 segundos que se comparten en páginas afines, esos videítos traducidos o subtitulados que corren como pólvora en Facebook, TikTok o WhatsApp. Y ya sabemos lo que pasa: basta que alguien mencione “Maduro” o “Venezuela” para que medio Iquitos lo repita como si fuese palabra de Dios. “¿Viste, hermano? ¡Si hasta en Estados Unidos lo dicen, tiene que ser verdad!”.

Yo los miro y pienso: ¿de verdad no se ven en el espejo? ¿No se dan cuenta de que son más gringos que los gringos? ¿Que defienden los intereses de un imperio que no sabe ni ubicar al Perú en un mapa, pero que sí sabe cómo comprar barato nuestro oro, nuestra madera, nuestro petróleo?

Ahí está lo trágico y lo cómico. Tenemos en Perú un gobierno manejado por delincuentes con menos del 2% de aprobación, una clase política que no se salva ni con lejía, un Estado secuestrado por mafias que trafican hasta con gasolina para patrulleros. Pero no: nuestros “patriotas tropicales” prefieren indignarse contra Venezuela, gritar contra Maduro, compartir los berridos de Pam Bondi como si fueran verdades bíblicas, y sentirse aliados naturales de Washington, como si fueran parte del “Estado profundo” de EE.UU.

Lo que no entienden es que todo este show de fabricar villanos no es un capricho gringo. Estados Unidos no pierde su tiempo por deporte: lo hace por poder y dinero. Necesita pretextos para justificar guerras, sanciones económicas, bloqueos, invasiones y —sobre todo— control geopolítico de recursos estratégicos como el petróleo venezolano. Eso es todo. Sin monstruo no hay guerra, sin guerra no hay negocio, y sin negocio no hay hegemonía.

Así que cada vez que en Iquitos o en cualquier rincón del Perú alguien comparte un videíto de Fox News repitiendo las calumnias de Pam Bondi contra Venezuela: decomisaron a Maduro 700 millones de dólares, dos lujosos aviones, jaajajajajajaaaaa varias casas, una mansión en República Dominicana, varias mansiones en Florida, una granja de caballos, nueve vehículos, millones de dólares en joyas y dinero en efectivo; que no se olvide de mirarse al espejo: no está defendiendo la verdad, ni la democracia, ni los derechos humanos.

Está siendo un fan tropical de la propaganda imperial, un hincha que aplaude desde la grada la película que escribió otro. Y mientras tanto, aquí seguimos hundidos en un país gobernado por bandidos que se ríen de nosotros, felices de que sigamos mirando hacia Caracas en lugar de mirar al Congreso y Palacio de Gobierno.

En resumen: el “Cartel de los Soles” no es más que otro capítulo del manual de propaganda yanqui. Un cuento de terror diseñado para justificar lo que siempre buscan: el botín. Y mientras tanto, aquí seguiremos escuchando a nuestros vecinos, colegas o tías repetir indignados lo que escucharon en Panamericana, América, etc. o por Fox News, sin notar que lo hacen con el mismo fervor con que otros defienden a su club de fútbol.

La diferencia es que su equipo no es el CNI, ni el Boys Lores, ni el Alianza, ni el Grau. Su equipo es el “Estado profundo de EE.UU.”, y ellos, orgullosos, aplauden desde la grada.

Alberto Vela

 

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