EL CUENTO DEL ODIO EN VERSIÓN WHATSAPP: LOS VALIENTES GUERREROS DE LA CALUMNIA

Había una vez en el reino del WhatsApp un grupo donde reinaba el silencio… excepto por un personaje muy peculiar que se hacía llamar nada menos que “AMOR ❤️ JESÚS”. El buen señor, nos imaginamos, con la Biblia en una mano y el celular en la otra, había decidido emprender una cruzada: insultar a todo aquel que no piense como él. Y claro, como buen caballero de teclado, lo hace con frases profundas como “izquimierda”, “suciosocialista” o "zurda", “marimacha”, rojo, rojerio, terruco, etc. Filosofía pura, nivel premio Nobel.


Pero resulta que, mientras este guerrero de la moral cree que gana debates con stickers y mayúsculas, del otro lado está Betsy Chávez, una mujer que no se calló nunca en el Congreso, que les dijo sus verdades a los “honorables” delincuentes de saco y corbata, y que hoy está encarcelada por un proceso tan turbio que huele a venganza política desde kilómetros. Y como si no fuera suficiente tenerla entre rejas, ahora la linchan en redes con montajes dignos de Willax versión Photoshop, porque claro, si no pueden derrotar sus ideas, intentan sepultar su imagen.

Y aquí viene lo mejor del cuento: Betsy Chávez no solo resiste la cárcel, sino que hoy sostiene una huelga de hambre como protesta para denunciar por el trato inhumano que el INPE le brinda y que se convirtió en una sucursal del Congreso y de este gobierno secuestrado por mafias. Mientras ella arriesga su vida, los trolls de WhatsApp y los opinólogos de la derecha se entretienen inventando apodos. Es como ver a un elefante acorralado que, en vez de luchar, decide lanzarle maní a quien lo enfrenta.

Porque esa es la estrategia, estimados lectores: fabricar un enemigo público. Si eres mujer, peor. Te reducen a caricatura, te dicen “loca”, te señalan la ropa, la voz, la vida privada. Y si encima tuviste la osadía de enfrentarte a congresistas mafiosos, pues ya está: pasas a ser el monstruo favorito de la semana. ¿Pruebas? ¿Argumentos? No hace falta, basta con un meme en mayúsculas y troles en un grupo de WhatsApp dispuesto a repetirlo como mantra.

¿Quiénes mueven los hilos de este teatro barato? Los de siempre: medios carroñeros como Willax, troles fabricados en granja digital y políticos que necesitan un circo para tapar sus fechorías. Es un círculo perfecto: ellos insultan, la prensa amplifica, la gente lo repite y los verdaderos delincuentes —los que saquean el Estado en licitaciones y blindajes— se frotan las manos felices detrás de la cortina de humo.

Lo más sarcástico es que quienes lanzan la primera piedra lo hacen en nombre de la fe y la moral. Se presentan como guardianes de la patria, amantes de la democracia y, para ponerle azúcar al veneno, firmando con nombres como “AMOR ️ JESÚS”. Claro, Jesús, el mismo que echó a los mercaderes del templo, ahora convertido en escudo para mercachifles del odio. Si no fuera trágico, sería cómico.

Pero aquí el detalle que los “valientes guerreros de WhatsApp” no entienden: el silencio de los demás no es aprobación. Es hartazgo. Nadie les responde porque todos saben que discutir con ellos es como discutir con un televisor prendido en Willax: ruido, humo y cero contenidos. Ellos creen que ganaron el debate; en realidad, solo quedaron hablando solos en el vacío.

Y mientras tanto, la historia se sigue escribiendo. No con memes ni con insultos, sino con dignidad y resistencia. Betsy Chávez hoy lo demuestra con su huelga, que no es solo un grito por ella, sino por un país entero secuestrado por mafias que gobiernan a punta de miedo y difamación.

Así que no se engañen los de “izquimierda” y “suciosocialista”: cada calumnia que lanzan no destruye a Betsy, los destruye a ustedes. Cada meme barato es un ladrillo menos en el muro de impunidad que los protege. Y cada insulto solo confirma lo que todos sabemos: que la derecha mafiosa en el poder no debate porque no puede, no convence porque no sabe, y no gobierna porque solo se dedica a saquear.

👉 Y colorín colorado, este cuento no ha terminado: si callamos, ellos ganan; si denunciamos, tiemblan; si luchamos, caen.

Alberto Vela



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