Cuando la justicia está en venta, el futuro de Loreto también lo está
Pueblo de Loreto, hay que decirlo con todas sus letras: no hay manera de hablar de desarrollo sostenible, de bienestar, de oportunidades, si la justicia está secuestrada por políticos corruptos de pacotilla. Punto.
¿De qué sirve soñar
con un Loreto con energía estable, con carreteras, con educación y salud digna,
si los que deben administrar justicia están al servicio de los mismos que nos
saquean? ¿Qué proyecto serio puede levantarse en esta tierra cuando fiscales,
jueces y hasta periodistas están alquilados al mejor postor?
Miren bien lo que
está pasando: un asistente fiscal, que gana menos de tres mil soles al mes,
aparece como copropietario de un hotel de dos millones de dólares en plena
frontera con Colombia. Fiscales que deberían estar investigando a los
poderosos, terminan construyendo mansiones, viajando como reyes y archivando (no es gratis) carpetas a corruptos. Y lo más grave: el Ministerio Público calla, no dice
nada, como si no pasara nada. Ese silencio es complicidad.
El mensaje es
brutal: aquí el que tiene plata y maneja la plata del pueblo manda, roba y nunca cae. Y mientras
tanto, el pueblo vive con hospitales colapsados, escuelas sin techo, carreteras
de barro y servicios básicos de mentira. ¿Cómo vamos a hablar de “desarrollo
sostenible” si la justicia misma es un negocio más en manos de los ladrones de
siempre?
Lo más doloroso no
es que ellos roben. Eso ya lo sabemos. Lo más doloroso también es la inmovilidad de la
población. Callamos. Bajamos la cabeza. Nos acostumbramos a la impunidad.
Como si fuera normal que un puñado de rateros de saco y corbata maneje nuestras
vidas, nuestras instituciones, nuestro futuro.
Pero no es normal.
No puede ser normal. Porque cada vez que un fiscal archiva un caso de corrupción,
lo que archiva también es la posibilidad de que Loreto tenga un futuro
distinto. Cada vez que un juez libera a un político ladrón, lo que libera
también es la condena a que nuestros hijos sigan viviendo en pobreza.
La corrupción de los
políticos de pacotilla no solo se roba la plata. Se roba el derecho del
pueblo a vivir mejor. Se roba la esperanza de un Loreto con justicia y
dignidad.
O despertamos y
decimos basta, o seguiremos siendo esclavos en nuestra propia tierra,
humillados por quienes deberían servirnos, por personajillos de baja estofa que llegan a un cargo púbico gracias a una política diseñada por delincuentes. La rabia hay que convertirla en
fuerza organizada, porque si la justicia está en sus bolsillos, el único poder
que puede cambiar las cosas está en las manos del pueblo.
¿Qué justicia nos queda en Loreto?
Los políticos corruptos de pacotilla que hoy se pasean en la
gestión regional y municipal han dado un salto cualitativo en su manera de
blindarse: ya no solo tienen en el bolsillo a buena parte del periodismo local
—que calla, silencia o maquilla los escándalos a cambio de publicidad y
favores—, ahora también han metido a los fiscales y a varios jueces en la
misma bolsa. Y si controlan la justicia y controlan la información, ¿qué
nos queda a los ciudadanos?
Es un secuestro institucional en toda regla. La prensa ya no
informa, la Fiscalía ya no investiga, el Poder Judicial ya no sanciona. Cada
engranaje que debería servir para frenar la corrupción ha sido convertido en un
accesorio de la impunidad. Así, los gobernantes pueden robar tranquilos,
negociar con empresas cuestionadas, blindarse entre ellos y reírse en la cara
del pueblo.

El escándalo de los fiscales con hoteles de lujo y propiedades millonarias solo desnuda lo que en Iquitos ya se sabe en voz baja: la justicia está en venta. Y no se trata de un par de funcionarios aislados; se trata de redes enteras, de fiscales superiores, provinciales y asistentes que se han convertido en operadores del poder político. La Fiscalía, que debería ser el antídoto contra la corrupción, terminó siendo su vacuna: la inmunidad hecha institución.
Y los jueces, ¿qué? Pues ahí están también, levantando las
manos para liberar a delincuentes de cuello blanco, dilatando procesos hasta
que prescriban, archivando causas con tecnicismos. Todo forma parte del mismo
engranaje que hace de Loreto un lugar donde la corrupción no es un accidente,
sino el sistema mismo.
Entonces, ¿qué podemos esperar? Nada, si seguimos confiando
en que estas instituciones capturadas cambien por sí solas. Pero mucho, si
empezamos a mirarlas de frente y a denunciarlas como lo que son: instrumentos
de un poder corrupto que se aferra al dinero y a la impunidad.
El pueblo de Loreto debe saberlo con claridad: la justicia
está en sus manos, sí… pero no en las de fiscales y jueces vendidos, sino en
las manos colectivas de una ciudadanía que deje de aceptar este silencio
cómplice como lo normal.
Alberto Vela




Comentarios
Publicar un comentario