El regreso de "La Vane" y la palabra justa de Hildebrandt
A propósito del regreso de la Vane. Un comentario de César Hildebrandt, que actúa aquí no solo como periodista, sino como un cronista del colapso institucional del Perú nos ha llamado profundamente la atención sobre este país secuestrado por la delincuencia de saco y corbata:
“Toda mi vida profesional he intentado la
moderación y yo tengo una tendencia, digamos, a un cierto control. La pregunta
es cómo seguir siendo moderado cuando la mafia orquestada desde el Congreso con
la anuencia de Palacio de Gobierno que es en realidad la sucursal del Congreso
hacen lo que están haciendo, que siguen haciendo lo que han venido haciendo, la
metástasis absoluta de la purulencia, la metástasis de la supuración.
La nueva Junta Nacional de Justicia, ad hoc,
decidió que la señora Liz Patricia Benavides volviera a fiscal de la nación,
usurpando, por supuesto, la función que le corresponde a la Junta de Fiscales
Supremos, que es la que nombra a la Fiscal de la Nación. La fiscal Patricia
Benavides es una persona que fue el centro de una mafia absolutamente
descarada.
1. La institucionalidad secuestrada
LA FISCAL DE LA NACION DELIA ESPINOZA LA VANE
Una ex Fiscal de la Nación, Liz Patricia Benavides,
implicada en una red mafiosa, regresando al cargo por una decisión irregular de
una Junta Nacional de Justicia (JNJ) capturada— representa una fase más del
desmantelamiento del Estado de Derecho en el Perú.
Este no es un caso aislado. Es el síntoma de algo mucho más
grande: la captura del sistema judicial y de control por parte de una élite
política corrupta y sin escrúpulos, con capacidad de reorganizar a su favor
el orden constitucional a plena luz del día. Es el país gobernado no por leyes,
sino por la impunidad organizada.
2. El regreso de Benavides: Un golpe de mano a la
legalidad
Patricia Benavides fue retirada del cargo no por opiniones
políticas, sino por graves denuncias de organización criminal, donde
ella, según el Ministerio Público, ha utilizado su posición para interferir en
investigaciones, manipular decisiones judiciales y proteger intereses
personales (como el caso de su hermana, la jueza Emma Benavides, que liberó
narcotraficantes).
Su retorno es un acto de fuerza revestido de legalidad.
La Junta Nacional de Justicia, sin cumplir con la unanimidad exigida por ley
para reponerla, decide devolverle el cargo. No lo hace por justicia, sino
por cálculo político. Y lo hace sabiendo que, con el Congreso y el Ejecutivo
alineados, no habrá consecuencias.
Esto es más que una irregularidad. Es una usurpación de
funciones y un mensaje mafioso a toda la institucionalidad: la ley ya no se aplica si no conviene a
los que mandan.
3. La metáfora devastadora de Hildebrandt: “Metástasis de
la supuración”
El lenguaje que usa Hildebrandt es revelador. Es el de un
hombre que ha visto demasiado, que ha contenido su furia profesionalmente
durante décadas, pero que ya no puede más:
“La metástasis absoluta de la purulencia, la metástasis de
la supuración.”
Aquí no hay mesura. Hay diagnóstico terminal.
Habla del sistema como un cuerpo enfermo de cáncer,
donde las células corruptas ya no solo están en un órgano, sino que han
invadido todo: Congreso, Poder Judicial, Fiscalía, la propia JNJ. Ya no hay
órganos sanos. No hay defensas.
Este tipo de lenguaje —desesperado, ácido, clínico— traspasa
lo periodístico. Es el tono de quien describe el fin de un orden político.
Cuando Hildebrandt dice que “Palacio es la sucursal del Congreso”, está
afirmando, sin decirlo directamente, que no hay más Presidencia: solo
hay operadores funcionales a la mafia congresal.
4. El rol del Congreso: el gran orquestador del colapso
Este Congreso —el más impopular y desprestigiado de la
historia democrática peruana— actúa no como representante del pueblo, sino como
cartel de intereses ilegítimos: blindaje para investigados,
nombramientos mafiosos, acoso a jueces, fiscales y periodistas.
Lo que ha hecho con la JNJ, lo que hizo con la SUNEDU, con
la reforma universitaria, con la Defensoría del Pueblo, lo que hace ahora con
la Fiscalía… es sistemático, no accidental. Es un programa de captura
institucional.
5. El golpe frustrado: la pared que encontró Benavides
Que Benavides haya llegado al Ministerio Público y no haya
podido tomar inmediatamente el cargo sugiere que hay aún resistencias
internas, lo cual es significativo. Es la señal de que no todos los
muros han caído, aunque estén siendo derribados uno por uno.
La pregunta es: ¿cuánto
puede resistir el país? ¿Cuánto puede resistir la prensa libre, la ciudadanía
organizada, el resto de fiscales y jueces no corrompidos?
Cuando la ley deja de protegernos, la palabra debe
hacerlo
El análisis de Hildebrandt coloca el foco donde debe estar: el
país está siendo gobernado por una organización criminal legalizada desde
dentro del aparato estatal.
El lenguaje de la moderación ya no sirve. El tiempo de los
tecnicismos ya pasó. Estamos en una etapa de resistencia moral y ciudadana,
donde lo que queda es documentar, denunciar, señalar y organizarse.
Porque cuando el cáncer ha hecho metástasis, lo único que
queda es o extirparlo… o esperar el colapso total del cuerpo.


Comentarios
Publicar un comentario