Carbono sí, Amazonía no: el negocio verde que decide por nosotros
Mientras en nuestras comunidades amazónicas lidiamos con pobreza, abandono estatal, narcotráfico, minería ilegal y servicios públicos colapsados, en Lima se celebran eventos de “alto nivel” sobre el mercado voluntario de carbono. El más reciente fue el “ABC del Mercado Voluntario de Carbono en el Perú: Fundamentos y Oportunidades”, organizado por el Ministerio del Ambiente (Minam) el 2 y 3 de abril de 2025.
Allí, entre cafés importados y discursos sobre
sostenibilidad, funcionarios públicos, ONGs, representantes de la cooperación
internacional y empresas decidieron cómo convertir nuestros territorios en
bonos de carbono. Hablan de oportunidades económicas y justicia climática. Pero
no nos incluyen. Deciden por nosotros sin nosotros.
Y esto no se limita a los pueblos indígenas —aunque ellos
están entre los más afectados—. También deja fuera al resto de la población
amazónica: campesinos, riberiños, colonos, pequeños productores, jóvenes,
emprendedores, profesionales, ciudadanos comunes. Todos ausentes. Y peor aún:
nuestras autoridades regionales y locales brillaron por su silencio, su
desinterés o su complicidad. En regiones como Loreto, quienes deberían
representar al pueblo están demasiado ocupados saqueando el presupuesto público
o arrodillándose ante intereses externos, incapaces de construir una visión de
desarrollo amazónico con autonomía y justicia.
¿Quién decide cuánto vale un árbol, una hectárea, un
territorio vivo? No es la Amazonía. Son tecnócratas en Lima, burócratas de la
cooperación, consultores con planillas en dólares, y ONGs que viven del
problema sin resolverlo. Nos convierten en “beneficiarios” de proyectos que
jamás discutimos ni priorizamos. Y luego nos dicen que “están cuidando el
planeta”.
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| Tecnocratas de acanga y allanga, en grandes foros, que "saben mucho de Amazonía" dediciendo sobre la Amazonía peruana...jajaja |
Esto no es justicia climática. Es colonialismo ambiental
versión siglo XXI. Conservación sin soberanía. Transición ecológica sin
democracia territorial. Un negocio global con nuestra tierra como materia prima
y nosotros como espectadores mudos.
Y cuidado: el negocio del carbono puede terminar siendo tan
extractivista como el petróleo o la madera, si se implementa sin consulta, sin
transparencia y sin control social. Peor aún si quienes deberían proteger
nuestros intereses están demasiado ocupados enriqueciéndose a costa del
abandono del territorio.
La Amazonía no necesita más “expertos” que decidan desde
arriba. Necesita voz, necesita poder, necesita autonomía. Necesita un nuevo
pacto político y ambiental que surja desde el territorio, no desde las oficinas
de Lima o Bruselas.
Porque sin participación real de la Amazonía, este mercado
de carbono no es una solución: es otro capítulo del saqueo, pintado de verde.




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