Palestina: Los pueblos que resisten siempre terminan escribiendo el futuro

En esta Semana Santa, mientras millones recuerdan el sacrificio de Jesús, el pueblo palestino vive su propia pasión bajo el fuego de un Estado que se dice víctima pero actúa como verdugo. Israel, con el respaldo incondicional de Estados Unidos y la complicidad silenciosa de Europa, bombardea sin piedad a una población indefensa. ¿Qué habría hecho Jesús ante semejante injusticia? No estaría del lado de los opresores, sino junto al pueblo crucificado de Gaza. Porque su mensaje no fue de conquista, sino de resistencia, dignidad y amor al prójimo. Y como él, los pueblos que resisten, aunque los quieran borrar, siempre terminan resucitando.

El mundo está viendo, el mundo está indignado, pero el mundo sigue sin actuar. Mientras Gaza arde bajo bombas que caen sin piedad sobre hospitales, refugios y calles llenas de niños, los poderosos de siempre se cruzan de brazos o, peor aún, financian la masacre. Pero hay algo que los arquitectos del exterminio no entienden: la resistencia de un pueblo no se mide en armas, se mide en dignidad. Y la historia ha demostrado que los pueblos que resisten siempre terminan escribiendo el futuro.

Hoy, Israel se está suicidando. No es una guerra contra Hamás, es una masacre contra gente indefensa, un genocidio transmitido en vivo, un crimen sostenido por la arrogancia y la impunidad. Sus aliados —EE.UU., Europa y los oligarcas que manejan los hilos del poder— siguen protegiéndolo, pero ¿por cuánto tiempo más? La economía de EE.UU. se tambalea, Europa está en crisis, y la multipolaridad está cambiando las reglas del juego. Cuando el imperio que los sostiene caiga, ¿qué quedará de Israel? Un Estado paria, solo, aislado y repudiado.

El sionismo, que alguna vez se vendió como un movimiento de salvación, hoy es un proyecto colonialista basado en la ocupación, el exterminio y el desprecio por la vida palestina. Ni siquiera los judíos del mundo están de acuerdo con esta locura. Muchos de ellos han alzado la voz contra el genocidio, pero en Israel el poder está en manos de extremistas terroristas que han perdido toda noción de realidad. No están construyendo un Estado fuerte, están cavando su propia tumba.

La historia nos da todas las respuestas. El apartheid en Sudáfrica cayó, el régimen nazi fue aplastado, las dictaduras latinoamericanas se derrumbaron. El sionismo, con su violencia descontrolada, no será la excepción. Gaza está destruida, sí. Han asesinado a miles, sí. Pero el pueblo palestino sigue ahí, resistiendo con lo único que nunca podrán quitarle: su derecho a existir.

Los sionistas pueden seguir sembrando muerte, pero el futuro no lo escribirán ellos. Lo escribirán los que han perdido todo y siguen de pie, los que han sido traicionados por el mundo, pero no se han rendido. Lo escribirán los palestinos, porque los pueblos que resisten, tarde o temprano, terminan venciendo.

Cómplices del exterminio: los que financian, callan y planean un balneario para vampiros

La historia no olvidará a los asesinos, pero tampoco perdonará a los cómplices. Mientras Israel sigue masacrando a los palestinos, hay gobiernos, empresas y figuras públicas que siguen financiando, justificando y silenciando este genocidio. Son los mismos que hablan de democracia mientras arman y protegen a un Estado criminal. Son los mismos que venden discursos de derechos humanos mientras hacen negocios con un régimen de ocupación. Son los mismos que ahora sueñan con convertir Gaza en un balneario, pero no para palestinos, sino para millonarios sin conciencia que quieran bañarse en un mar teñido de sangre.

Sí, han leído bien. Ya hay quienes están planeando la “reconstrucción” de Gaza no para devolverla a sus habitantes, sino para transformarla en un paraíso turístico, una especie de Miami sobre escombros, un resort levantado sobre fosas comunes. Un balneario para vampiros. Es el descaro absoluto, la prueba máxima de que el colonialismo y la codicia no tienen límites.

Pero los que aplauden esta barbarie y los que la financian deben saber algo: cuando el genocidio termine, cuando los tribunales del mundo apunten a los responsables, cuando Israel se quede sin padrinos, sus nombres estarán en la lista de la vergüenza. Los pueblos los recordarán no como líderes o empresarios, sino como criminales, como cómplices de un exterminio que creyeron que pasaría impune.

La sangre de Gaza no se lava con discursos ni con inversiones. La memoria de un pueblo no se borra con hoteles de lujo. Y el destino de los asesinos y sus cómplices no será otro que el basurero de la historia.

Alberto Vela

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