🤡 ¡Jajajajaaaaa… qué circo, carajo!
Del Huequito turístico al hueco moral: la función empieza con cuernos, colapsos y camisetas rotas
¡Señoras y señores! ¡Jovenes y votantes desilusionados! ¡Bienvenidos al gran circo político de Iquitos! Hoy, bajo la carpa de la desvergüenza, presentamos una función de altura: “El Huequito, la Pusanguera y el Cuerno Político”. Con ustedes, los payasos más ilustres de la región: el gobernador René Chávez y el alcalde Vladimir Chong. ¡Ambos formados en el mismo partido y ahora enfrentados por cemento mal puesto y amores mal correspondidos!
La pista principal es el embarcadero “El Huequito”, joya
fluvial del desgobierno regional, que en vez de atraer turistas, ahora atrae
clausuras, memes y burlas. 20 milloncitos evaporados en concreto que se
desmorona más rápido que la lealtad en Somos Perú. ¿Milagro amazónico? No. Mala
obra, mal amor y peor gestión.
Pero no nos desviemos del número estelar: según las malas lenguas, que no faltan en Iquitos, la jefa de imagen —la “bonita y agraciada” Frescia Ortega— que cambió de palco, es la cuasante de estas rabietas. De la oficina de prensa de Chong pasó, con todo y sonrisa, a ser la nueva musa comunicacional del “chato” René. Y claro, como en todo circo sentimental, la movida desató celos, venganzas, a decir de Lorenzo Reátegui, hasta sueños con boas y espejos rotos en casa del gobernador.
¿Y qué hizo el despechado Chong? ¿Lloró en silencio? ¡No
señor! Mandó al Serenazgo a desalojar el terreno donde Chávez iba a colocar la
primera piedra de su Central de Seguridad Ciudadana. ¡Acto saboteado! ¡Estrado
desmontado! ¡Fiscalía presente! Una escena digna de telenovela con sabor a
venganza institucional.
Y por si creían que todo esto era por “diferencias de
gestión”, no se equivoquen. Aquí no hay ideología ni debate técnico. Aquí lo
que hay es cuerno, orgullo y mucha, pero mucha pusanga política.
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| Fiscal y policias intentando apoyar la colocación de la primera piedra |
La cereza del pastel la pone ese personaje misterioso que
ocupó el cargo más alto en la OPPIP cuando se aprobó esta obra hoy hundida.
Ahora, con nuevo polo, se lanza como candidato a senador por el partido de
Porky, Renovación Popular. Qué tal raza. ¿Quién es? ¿Por qué callan los
exfuncionarios? ¿Por qué tiemblan las torres del Huequito mientras crece la
ambición de quienes lo firmaron?
Mientras tanto, el pueblo mira este show entre risas
incómodas y rabia impotente. Iquitos se hunde, literalmente, y los “líderes”
locales se pelean por la jefa de imagen, el flash de la cámara y el derecho a
colocar piedras simbólicas en terrenos clausurados. La región necesita obras
firmes, pero recibe estructuras que se quiebran antes del primer selfie
oficial.
Comunicado de oro puro para continuar el festín sarcástico.
Aquí el OPIPP intenta hacer malabares discursivos con el
colapso parcial de una obra millonaria, como si nos quisieran convencer de que
el derrumbe fue un éxito planificado.
🎪 ¡Redoble de tambores! Llega el acto de ilusionismo: “El derrumbe fue protección, no destrucción”, dice OPIPP
El Huequito se cae… pero solo un poco, y con estilo.
El Organismo Público de Infraestructura para la
Productividad (OPIPP), siempre listo para defender lo indefendible, igual que
los Avengers de René Chávez, nos ha regalado un comunicado que debería
enseñarse en talleres de prestidigitación política. Según ellos, lo que vimos
no fue un colapso, fue una especie de defensa heroica de una estructura
secundaria, que se sacrificó como mártir para salvar la obra madre. Una especie
de “talud kamikaze” que se lanzó al río para demostrar su amor por la patria.
¿Que se cayó una parte del embarcadero? No señor, se fracturó
estratégicamente. ¿Qué hay riesgo inminente? ¡Falso! Todo sigue firme y
operativo, como la popularidad de René Chávez después de la fiesta de
inauguración. Según OPIPP, el talud de seis por seis metros cumplió con su
“función protectora” al colapsar con dignidad. ¡Gracias por tanto!
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| Temis Jhon Rivas Ochoa, cuando era director ejecutivo de la OPIPP ¿Será el candidato a senador? |
Y como si eso fuera poco, nos aseguran que la obra fue ejecutada “con todos los parámetros indicados” —como si el papelito del expediente blindara el concreto de la corrupción— y que se tomarán “medidas correctivas inmediatas”. Traducción: vamos a parcharlo con cinta masking y seguir cobrando por la foto con la lancha turística.
Pero lo más espectacular viene al final. OPIPP aclara, con
la solemnidad de un notario de feria, que el restaurante fue clausurado solo
por detalles menores, como “falta de señalética”. Sí, claro. Como si no
ver un cartel de salida fuera más grave que hundirse en el muelle.
¡Jajajajaaaaa! Qué circo, carajo.
Alberto Vela







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