¿Dónde Dormirá la Abuelita Rosa? El Triste Reflejo de una Beneficencia en Agonía
Iquitos, una ciudad rodeada de ríos y selva exuberante, tiene un lado que pocos quieren ver: el de sus ancianos olvidados. La historia de Rosa Romaina Pérez, una mujer de 70 años, abandonada en la cuadra 13 de la calle Libertad, es solo la punta del iceberg de un problema mucho más grande.
Según información de Contraluz Digital, los vecinos, conmovidos por la escena, llamaron al Serenazgo con la esperanza de que alguien le dé la ayuda necesaria. Tal vez con la esperanza de que (porque esa es su función) la Sociedad de Beneficencia Pública de Iquitos interviniera. Pero aquí viene la gran pregunta: ¿Dónde iban a llevarla si la Beneficencia ya no tiene capacidad para recibir a más ancianos en el Asilo? Está en su “Máxima capacidad”
Porque sí, aunque duela decirlo, la Beneficencia, esa
institución que por más de un siglo fue refugio de los más vulnerables, hoy
es un cascarón vacío, manejado por burócratas que han olvidado su verdadero
propósito.
El abandono de Rosa: Un caso que
se repite todos los días
Cuando Rosa Romaina Pérez fue trasladada a la comisaría
de Iquitos, quedó claro que nadie sabía qué hacer con ella. Su familia,
si es que aún tiene, no apareció. No tenía un techo donde dormir, ni comida
asegurada. Y la Beneficencia, que debería haber sido su salvación, simplemente
no tenía espacio para ella.
Y aquí es donde toca cuestionarnos seriamente:
- ¿Cómo
es posible que una institución creada para atender a los ancianos
indigentes ya no pueda recibirlos?
- ¿Por
qué, si antes albergaban hasta 100 ancianos, ahora solo pueden recibir a
30?
- ¿En
qué se está gastando el dinero si no es en lo que realmente importa?
Las respuestas a estas preguntas están en el desastre
administrativo que hoy reina en la Beneficencia.
La Beneficencia: De refugio de
ancianos a agencia de empleos
Lo que antes era una institución con vocación de
servicio, hoy es un botín político. Desde que la Ley 1411 le dio el
control de la Beneficencia a la Municipalidad de Maynas y al Gobierno Regional
de Loreto, esta dejó de ser una entidad autónoma y pasó a ser un nido de
favores políticos.
Ahora, en lugar de tener trabajadores sociales,
médicos geriatras y sociólogos, la Beneficencia está llena de decoradoras,
ingenieros en industrias alimentarias, biólogos y abogados. ¿Qué hace un
abogado manejando una institución que debería estar centrada en el cuidado de
ancianos?
Pero eso no es todo. El presidente de la Beneficencia, Roberto Fachín Echevarría, fue colocado por la municipalidad, y además es asesor del alcalde. ¿Cuánto tiempo le queda para atender los problemas de la Beneficencia si está ocupado en la municipalidad?
Y si miramos más de cerca, encontramos nombres que
llevan años enquistados en el directorio, cobrando dietas de 4,000 a
5,000 soles al mes, sin que se sepa exactamente qué hacen por los ancianos.
La abogada Lilia Reyes, por ejemplo, sigue en la Beneficencia desde la
época de Pancho Sanjurjo (2020), pero trabaja a tiempo completo en una empresa
petrolera. ¿Cómo puede atender dos trabajos al mismo tiempo?
Un asilo sin camas, pero con
gastos innecesarios
Antes, el asilo de ancianos de la Beneficencia tenía
espacio para 70 a 100 adultos mayores. Hoy, con un enorme local, apenas
pueden recibir a 30. ¿Por qué? Porque en lugar de invertir en camas y
ampliar los pabellones, el dinero se va en sueldos de gente que no aporta
nada.
Mientras los ancianos duermen en el suelo o
son rechazados, hay un gerente de negocios que lleva un año sin hacer nada.
Peor aún, la Beneficencia cerró una planta de agua
tratada que pudo haber generado ingresos para mejorar la institución. ¿El
encargado? Un abogado. ¿Desde cuándo los abogados saben administrar
negocios de agua?
Es un desperdicio de dinero y
oportunidades.
Mientras tanto, los ancianos
siguen en la calle
Casos como el de Rosa Romaina Pérez no son aislados.
Basta con caminar por las calles de Iquitos para ver a más abuelitos pidiendo
comida, buscando cartones para dormir en las aceras.
Antes, cuando Felipe Sánchez dirigía la Beneficencia, él
mismo iba a las calles a recoger a los ancianos y los llevaba al asilo.
Porque antes la institución tenía líderes con vocación de servicio, no
burócratas que solo van a cobrar su cheque a fin de mes.
Hoy, la Beneficencia está en terapia intensiva,
ahogada por la corrupción, la incompetencia y el abandono.
Y mientras tanto, Rosa sigue sin un hogar.

Planta de Agua Tratada: Un negocio quebrado
¿Qué podemos hacer?
Es hora de exigir que la Sociedad de Beneficencia
Pública de Iquitos vuelva a ser lo que fue: un refugio para los más
necesitados.
- Cambiar
ese directorio enquistado de gente inútil.
- Se
necesita una intervención urgente para sacar a los funcionarios que
no aportan nada.
- Es
necesario reducir los gastos administrativos y aumentar la
capacidad del asilo.
- Se
debe transparentar el uso del dinero y eliminar los sueldos de personas
que no trabajan.
- Y
sobre todo, hay que reformar la Ley 1411, para que la Beneficencia no
dependa de los políticos locales, sino de especialistas en asistencia
social.
De lo contrario, seguiremos viendo a más ancianos tirados
en las calles, esperando la ayuda que nunca llega.
Y entonces, la próxima vez que veas a una abuelita como
Rosa, sola, llorando en una acera, pregúntate: ¿Dónde dormirá hoy?
Y más importante aún: ¿Por qué permitimos que esto
siga pasando?
El Directorio
Este directorio de la Sociedad de Beneficencia de
Iquitos no es más que un club de fantasmas con dietas doradas, una élite de
burócratas que han convertido una institución centenaria en un cascarón vacío,
en un viejo que vegeta, como ellos, que solo aparecen para cobrar. Roberto
Fachin Echevarría, Lilia Reyes Ruiz, Víctor Raúl López de Oliveira Díaz, Carlos
Meza Castro y Jorge Baldeón Ríos son nombres que deberían estar grabados en
la memoria de Iquitos no por su servicio, sino por su indiferencia.
¿Cuántas ancianas más, como Rosa Romaina Pérez, tienen
que ser encontradas en las calles para que estos señores despierten? ¿Cuánto
más deben sufrir los desprotegidos mientras estos "directores" siguen
parasitando en una institución que se supone debe servir a los más vulnerables?
No construyen, no amplían, no gestionan. Solo ocupan sillas.
Y mientras tanto, la Beneficencia se desmorona,
convertida en una agencia de empleo para políticos y sus amigos, con
profesionales que nada tienen que hacer ahí. La abuela Rosa, como tantos otros,
no necesita resoluciones ministeriales ni discursos vacíos; necesita un techo,
un plato de comida y dignidad. Pero claro, en la Beneficencia de hoy, la
dignidad se la reparten entre ellos en sobresueldos y dietas.
Iquitos no olvida, y tarde o temprano, la historia
pasará factura. ¡El karma también!
Alberto Vela






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