“LORETO SE AUTOBOICOTEA ENERGÉTICAMENTE: ANATOMÍA DE UN CAOS QUE SUS PROPIOS ACTORES SE NIEGAN A RESOLVER”

Desde El Dívan Regiona

Si uno se recuesta en el diván y observa con calma la historia energética de Loreto, entenderá algo muy simple: aquí no hace falta ningún sabotaje externo. El sabotaje es casero, artesanal y orgullosamente regional. Una tradición, casi.

Cada vez que Loreto está a punto de construir algo que lo saque de la dependencia, la precariedad o el atraso, aparece algún actor —político, privado, institucional o informal— que mete un palo en la rueda… y luego se queja de que la bicicleta no avanza.

Y mientras tanto los “opinadores energéticos” de la región —ingenieros, técnicos, activistas, loretanos bien intencionados o eternos antagonistas— se pelean entre sí como si la energía fuera un concurso de egos.
No construyen consenso, no consolidan ruta, no sellan compromisos y no generan gobernanza.
Hablan mucho, pero no hacen sistema. Y sin sistema, nada funciona.

Este artículo es para todos ellos.

1. El modelo energético actual: una colección de parches que nadie ordena

Loreto funciona con un esquema que, visto desde fuera, parece diseñado por un comité de saboteadores involuntarios:

  • Dependencia crónica del diésel, uno de los combustibles más caros y volátiles del planeta.
  • La Nueva Iquitos (GenRent): infraestructura moderna desgastada, pero administrada en un entorno político-institucional medieval.
  • Pueblos del interior con sistemas aislados, equipos viejos y tarifas absurdas que castigan a los más pobres.
  • Gas que nunca llega, petróleo que se va y una Amazonía que produce recursos pero paga tarifas como si viviera en una isla importadora.

Es como construir una casa en una laguna y quejarse porque se inunda. Pero aquí se insiste en que la culpa siempre es de alguien más.

2. Los enemigos internos: la telaraña de intereses que frena todo

La verdad incómoda es que Loreto no carece de energía por falta de recursos, sino por exceso de intereses:

  • Burocracias protectoras del status quo, felices con su monopolio de incompetencia.
  • Empresas que viven de la escasez, no de la eficiencia.
  • Políticos que prefieren inaugurar generadores nuevos cada dos años en lugar de planificar algo para 20.
  • Lobbys que atormentan cualquier proyecto que reduzca su caja chica.
  • Opinadores energéticos que defienden su “verdad”, pero nunca se sientan a construir una institucionalidad común.

Todos estos enredos forman un ecosistema autoboicoteador. En un análisis serio se llama “fallo estructural del Estado”. Aquí en el Diván lo decimos más claro:

Loreto se sabotea a sí mismo porque no tiene un árbitro técnico que ordene, priorice y ponga reglas que nadie pueda patear.

EL VERDADERO PROBLEMA DE FONDO

Loreto no ha construido nunca un espacio estable, respetado y vinculante donde profesionales, ciudadanos y autoridades se sienten y acuerden un plan o una ruta energética regional.

Porque:

  • No hay metodología de consenso.
  • No hay reglas de juego.
  • No hay autoridad técnica reconocida como árbitro.
  • No hay compromiso político de acatar lo que se acuerde.

Y mientras eso no exista, todo lo demás es ruido: Mazan, SEIN, fotovoltaicas, represas, grupos electrógenos, geotermia… Todas son propuestas sueltas: Sin articulación. Sin validación. Sin visión de región.

3. Las consecuencias: pobreza energética como política no escrita

El resultado es predecible:

  • Tarifas más altas que en el resto del país (con salarios más bajos).
  • Regiones enteras sin electricidad continua en pleno siglo XXI.
  • Emprendedores, hoteles, talleres, industrias pagando costos que los dejan fuera de competencia.
  • Empresas que no invierten por miedo a que las reglas cambien cada gobernador.
  • Un Estado gastando millones en subsidios que no solucionan nada.

La energía es la columna vertebral del desarrollo. Loreto intenta correr una maratón con una fractura expuesta.

4. Y mientras todo esto ocurre… la excursión solar del gobernador

A todo este desorden se suma el espectáculo político reciente: El gobernador y su asesor-influencer estrella viajando a Lima para tomarse fotos con un viceministro de un gobierno de transición, sin presupuesto, sin mandato y a semanas de irse.

Y regresan proclamando que la solución energética será la fotovoltaica.

Desde el Diván uno solo puede preguntarse: ¿Cuántas veces puede un político de pacotilla vender la misma mentira sin ni siquiera cambiarle el empaque?

Porque aquí está la verdad que no quieren decir: hablar de fotovoltaica sin un Plan Energético Regional es engañar. Punto.

Antes de hablar de fotovoltaica, Loreto necesita algo que NO tiene: una ruta, un orden, una institución, una gobernanza energética real.

5. Lo verdaderamente urgente:

Lo que salvará a Loreto es una institucionalidad técnica, autónoma y respetada. Justo lo que este gobierno regional no quiere crear, porque una institución seria les quitaría el juguete político.

La salida: institucionalidad, no más parches

Loreto NO necesita otro anuncio. NO necesita otro estudio. NO necesita otro comité improvisado.

Loreto necesita un árbitro técnico, firme, autónomo y permanente:

Consejo Energético de Loreto (CEL)

Un cerebro colectivo de largo plazo, donde estén: CIP, UNAP, IIAP, GOREL (pero sin control político), Municipalidades, Empresas operadoras, Pueblos indígenas y comunidades campesinas, Sector privado formal, Expertos independientes

Solo así se podrá: ordenar el caos, definir ruta, blindar decisiones, evaluar alternativas con un mismo método, y sacar la energía de las manos del capricho político.

Mensaje final a los opinadores energéticos

Opinar no basta. Criticar no basta. Tener razón en Facebook no basta.

Si ustedes no se sientan en la misma mesa técnica, Loreto seguirá apagado.
Si no aceptan reglas comunes, no habrá solución.
Si no construyen gobernanza, ninguna tecnología funcionará.

Loreto no necesita más ideas.
Necesita orden.
Necesita consenso.
Necesita institucionalidad.
Necesita dejar de autoboicotearse.

Y eso solo se logrará cuando todos —opinadores, técnicos, autoridades y ciudadanía— acepten que la energía no se gobierna con discursos, sino con instituciones.

Alberto Vela

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